Soñar y actuar: Las periferias de un mundo nuevo

Por Sixto J. García 

Olvidándome de lo que queda atrás, esforzándome por lo que está por delante” – Filipenses 3: 13

Lo antiguo ha pasado, ha llegado lo nuevo” – 2 Corintios 5: 17 – Así Pablo interpela a los rebeldes, confusos y arrogantes cristianos de Corinto, que aparentemente no tienen una conciencia cabal de las exigencias e implicaciones del Evangelio que Pablo les ha traído, unos cinco años antes de escribir esta carta (combinación probable, nos dice la exégesis histórico-crítica, de varias cartas de Pablo).

La correspondencia de Pablo con los corintios nos habla mucho, fuerte, incómoda e inconvenientemente a nosotros hoy. La pandemia del Covid-19 parece abrazarnos, aunque hay horizontes de esperanza con las vacunas que se están distribuyendo (con gran desigualdad social en algunos sitios); las elecciones en EEUU aparentemente son portento de una posible época nueva en la política – una prevalencia del sentido de una democracia cabal sobre la retórica del odio, el racismo, la xenofobia . . . 

Ante esta realidad atenazadora, presente, que nos ha limitado tanto tiempo, por un lado, y por el otro, ante las posibilidades de nuevos horizontes y nuevas esperanzas, ¿a qué nos llama el Evangelio de Jesucristo – el Evangelio que ES, en su propia persona, el mismo Jesucristo?

I) EL CENTRO CLAVE DE UNA CRISIS

A) CRISIS Y ESPERANZA:
Todos deseamos amar, y desear amar es ya amar . . . Cuán cierto es, nunca amaremos lo suficiente” – Charles de Foucauld (1858-1916), Carta a Marie de Bondy.

Un punto definitorio de toda crisis, nos ha recordado varias veces el papa Francisco, es que no salimos de ella igual que cuando entramos – salimos o mejores o peores – Las crisis revelan de “qué estamos hechos”, revelan nuestra más auténtica realidad – y esto es válido tanto del Covid-19 como la situación política presente.

Podríamos añadir una explicación a la intuición de Francisco, algo que ya Agustín entreveía en sus “Confesiones” (cf. Libro X) y que Tomás de Aquino plantea en su tratado sobre la gracia (“Summa Theologiae”, I-II, qq. 109-114, en particular q. 113 a. 10); toda respuesta, afirmativa o negativa, a la voluntad de Dios nos cambia, se hace parte de nuestra realidad más íntima – Moisés ante la zarza ardiendo (Éxodo 3: 1-14); Francisco de Asís en la derruida capilla de San Damiano, San Ignacio de Loyola en la Ilustración junto al Cardoner, fueron tocados, llamados, y la (al principio, tímida y confusa) respuesta que todos ellos  dieron los cambia para siempre, inicia un proceso de discernimiento y conversión que los transforma totalmente – Usando expresión de raíces bíblicas, fueron momentos de “kairos”, de intervención – mejor, de irrupción – de Dios en la historia humana y en sus historias personales.

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B) EL MOMENTO PRESENTE: RETO Y ESBOZO DE RESPUESTA: 
Vivimos en momentos de crisis y esperanza – Los últimos meses han sido marcados por luces y sombras, por conatos de reconciliación y de violencia insurreccional, por profetas portadores de esperanza de un nuevo mundo, y un (ahora “ex”) presidente incitando a la profanación de símbolos definitorios de una frágil democracia. Ante todo esto, el Señor nos emplaza a una conversión especial – radical, difícil, riesgosa – ¡muy riesgosa! – y subversiva.

El papa Francisco lo plantea claramente – En su reciente libro; “Let us Dream: A Plan to a Better Future” (de aquí en adelante: LUD) escrito con el autor británico Austen Ivereigh, el papa nos dice con lucidez propia de un profeta – ¡que conoce los riesgos inscritos en el decir la verdad!: No podemos volver a la mismas estructuras económicas y sociales pre-existentes a la crisis del Covid – esto sería un desastre, sería equivalente a despreciar la llamada a una renovación, conversión y cambio total a los cuales nos emplaza el Señor en esta crisis.

Los profetas de todos los tiempos han conocido y conocen bien el sentido más subversivo de la frase de Francisco: “Es mejor vivir una vida más corta sirviendo a otros que una vida más larga resistiendo esa llamada” (en el original de LUD: “It is better to live a shorter life serving others, than a longer one resisiting that call”)

Esta es una intuición esencial, definitoria de la respuesta cristiana a las crisis presentes: el Covid-19, y las nuevas posibilidades político-sociales ante nosotros. Francisco lamenta que muchos estén planeando un mundo post-Covid-19 de regreso a las condiciones, sistemas económicos y políticos, que existían anterior a la presente crisis – en dos palabras, “un regreso a lo normal”

En sus propias palabras (en el inglés original de LUD)

“God asks us to dare to create something new. We cannot return to the false securities of the political and economic systems we had before the crisis. We need economies that give to all access to the fruits of creation. We need a politics that can integrate and dialogue with the poor, the excluded and the vulnerable” (LUD, p. 6)

Dios nos reta a crear algo nuevo – algo radicalmente – y enfatizo la palabra “radicalmente” – nuevo, a todo nivel – “Nuevo” con la novedad radical, peligrosa y subversiva del Evangelio – Lo que está en juego es la posibilidad de albergar esperanzas para un futuro más pleno, más genuinamente humano – e implícito en esto, es también cuestión de supervivencia – El “kairos” en que vivimos es lo que tan preciosamente Francisco ha definido como (del inglés original de LUD, p. 15) un “Noah moment”  (“un momento a lo Noé”)

  La narrativa bíblica de Génesis 6: 9 – 9: 17!: la conclusión de la historia de Noé no es sencillamente la perduración de la humanidad y de otras  especies de seres vivientes – Dios renueva su alianza con la humanidad, promete amor y fidelidad – las cosas ahora tienen que ser diferente que antes – se le ha dado a la humanidad un nuevo comienzo. No es coincidencia fortuita o capricho literario que el Nuevo Testamento haga alusión a Noé: Mateo 24:37 y Lucas 17: 26ss hablan de los “días de Noè” en relación con la “la llegada del Hijo de Hombre” – ¡con la llegada decisiva de Jesús! 

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C) PALABRAS DURAS
La lisonja nos granjea amigos, (hablar) la verdad nos engendra odio” – Cicerón, “De amicitia”, XXXIV, 89

Jesús habla palabras duras: “¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra? No, en verdad, no la paz, sino la división” (Lucas 12: 51) El Evangelio divide, inevitablemente, irremisiblemente, porque emplaza a conversión – total, radical – “Conversión”, se entiende, no a un estilo de religiosidad piadosa, melindrosa, devocional, auto-referencial, emasculada de conciencia social y política, sino a la radicalidad que implica el dejarnos herir, asaetar, por el sufrimiento ajeno, a dejarnos subvertir por los 34,000 niños de menos de 18 años que mueren de hambre cada día, por los perseguidos por las derechas y las izquierdas . . . `por los descartados, los humillados, los olvidados . . .

Ante esto, se plantean dos reacciones: o una conversión auténtica hacia el profetismo que el momento presente nos exige, o la indiferencia egoísta – En las palabras de Francisco (en el original de LUD): “This attitude (indifference) ends in armor plating the souls, indifference bulletproofs it, so that certain things just bounce off” – En verdad, co-existiendo con los testimonios heroicos de mujeres y  hombres– en las profesiones médicas, de cuidado de salud, de seguridad pública, laicos comprometidos y sacerdotes, muchos de ellos ancianos y en gran riesgo de contagio- que han expuesto sus vidas – y en muchas ocasiones, la han entregado – para ayudar a las víctimas del Covid-19 y sus consecuencias – hambre, desempleo, miseria – hemos presenciado también la opción de muchos por la omisión auto-referencial, la comodidad . . .  la indiferencia que hace al alma “blindada” ante el sufrimiento de los otros, a “prueba de balas” – sordos al clamor de las víctimas.

II) FORMAS DE CONVERSIÓN: 

A) CONVERSIÓN A LA OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES
Quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos . . . Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos” – Francisco, “Evangelii Gaudium”, 198 

La Iglesia está llamada a ser “la Iglesia de los pobres” – Es voz común  que tanto S. Juan XXIII como el Cardenal de Bologna, Giacomo Lercaro (el “cardenal rojo”) propusieron que el Concilio Vaticano II definiera a la Iglesia como la “Iglesia de los pobres”. La propuesta no prendió, pero Francisco la ha retomado: La Iglesia “semper reformanda”, como decían los Padres de la Iglesia, no podrá reclamar ser el auténtico sacramento de Jesucristo hasta que no haga suya la opción preferencial por los pobres, como prioridad de su vida y su testimonio – sólo así dejará de ser una capellanía privada de los opulentos y los poderosos. 

Caso de que sea necesario decirlo –y probablemente lo sea – la expresión “opción preferencial por los pobres” nace en un momento de conversión para la Iglesia latinoamericana – Desde la Conferencia del CELAM (Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe) en Medellín, 1968, reafirmada por las Conferencias de Puebla (1979) y de Aparecida (2007), la “opción preferencial por los pobres” epitomiza un lento, pero seguro momento de conversión de una Iglesia que por mucho tiempo se había contentado en sancionar los caprichos y despotismo de los opresores del pueblo.

La expresión es ahora común en la documentación social de la Iglesia: cf. San Juan Pablo II: “Sollicitudo Rei Socialis”, 42 (1987 – citada en el Documento Final de Aparecida, 393-397): “Entre dichos temas (en línea del Vaticano II), quiero señalar aquí la opción o amor preferencial por los pobres. Esta es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia.”

Muchos teólogos, maestros de espiritualidad, algunos obispos, sacerdotes, ministros laicos en EEUU la han hecho parte de su vocabulario, pero, en general, la Iglesia americana (“americana” se entiende aquí los EEUU) todavía dista mucho de testimoniarlo, de obra y de palabra – Los voceros de la a sociedad consumista y capitalista intimidan muchas veces a los pastores de la Iglesia, les castran su espíritu profético – ¡se compra el silencio de la Iglesia!

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B) CONVERSIÓN AL DESTINO COMÚN DE LOS BIENES DE LA TIERRA
Mucho antes de Karl Marx (1818-1883) y de su contemporáneo, el profético obispo de Mainz, Wilhem von Ketteler (1811-1877), el derecho de todos de usar los bienes de la Creación era parte esencial de la doctrina de los Padres de la Iglesia – Desde los primeros siglos – y formulada en los contextos históricos del momento – las luces más preclaras de la Iglesia planteaban la actualización del Evangelio en su contexto social y político:  

En la Patrística: San Ambrosio de Milán (ca. 330-397): “Ustedes, los ricos, ¿hasta cuándo van a proseguir vuestra codicia descontrolada?  . . .  Cuando le dan al pobre, no le están dando lo que es de ustedes; más bien, le están devolviendo lo que le pertenece. En verdad, lo que es para el uso común de todos . . . ustedes lo han usurpado para ustedes solamente” (Sermón sobre Naboth) – San Juan Crisóstomo (349-407): “No darle al pobre lo que necesita es robarle, porque en verdad, los bienes que administramos no son nuestros, sino de ellos (Segunda Homilía sobre Lázaro y el Rico)

Santo Tomás de Aquino (1224/5-1274): “La única justificación de la propiedad privada es su servicio al bien común” (Summa Theologiae, II-II q. 66 a. 2).

S. Juan Pablo II: “Es necesario recordar una vez más aquel principio peculiar de la doctrina cristiana: los bienes de este mundo están originariamente destinados a todos. El derecho a la propiedad privada es válido y necesario, pero no anula tal principio. En efecto, sobre ella grava una hipoteca social” (“Sollicitudo Rei Socialis”, 42) – Francisco reafirma la noción de Juan Pablo II: “La tradición de la Iglesia nunca ha sostenido que la propiedad privada es un derecho absoluto e inviolable” (”Laudato Si”, 93)

Pero esto requiere una conversión radical, profunda, que vulnere años de tradición consumista, que desplace el centro de la vida humana de la acumulación de bienes y las ganancias, a la capacidad de hacernos uno con el grito de los hambrientos, humillados y desposeídos.

C) CONVERSIÓN AL CUIDADO DE LA CASA COMÚN:
La conversión ecológica (Francisco, “Laudato Si”, “Fratelli Tutti”, en múltiples textos) se correlaciona con la pobreza – “La creatura más explotada es laTierra” – La conversión ecológica y la conversión a la Opción Preferencial por los Pobres se vinculan íntimamente.

“When we neglect Mother Earth we lose not just what we need to survive but the wisdom to live together as well . . . In Laudato Si . . . I made the case there that an ecological conversion is necessary to save humanity not only from destroying nature but from destroying itself”  (LUD, 34) – y Francisco añade que se ha desarrollado la mentalidad de que “if it can be done and it is profitable, we see no reason why it shouldn´t be done” (LUD p. 34) – La conversión ecológica no es facultativa, es imperativa. 

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D) LA CONVERSIÓN DE LA IGLESIA
La Iglesia . . .  la casta meretriz” –  San Ambrosio de Milán (330-397), “Comentario al Evangelio de San Lucas.”

No hay mejor paradigma para llamar a la Iglesia a conversión que “Evangelii Gaudium”, 49: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a sus propias seguridades”

Las recientes elecciones y ciertas decisiones sobre el manejo de la pandemia han puesto de relieve la enfermiza auto-referencialidad y el clericalismo que hieren tan convulsivamente a la Iglesia, tanto en EEUU como en otros sitios. Un número grande de obispos, sacerdotes y laicos se aferran a visiones miopes y erradas de la moral cristiana; el problema del aborto – que, aunque sea innecesario decirlo, repito aquí, citando al mismo Francisco, exige el rechazo de todo cristiano – se ha invocado, sin embargo, como el único problema “Pro-Vida” – Esto contradice el magisterio del presente obispo de Roma – Así, en “Gaudete et Exsultate”, 102, afirma Francisco: 

Suele escucharse que, frente al relativismo y los límites del mundo actual, sería un asunto menor la situación de los migrantes, por ejemplo. Algunos católicos afirman que es un tema secundario al lado de los temas ´serios´ de la bioética. Que diga algo así un político preocupado por sus éxitos se puede comprender; pero no un cristiano . . . ¿Podemos reconocer que es precisamente eso lo que nos reclama Jesucristo cuando nos dice que a él mismo lo recibimos en cada forastero?” (“Gaudete et Exsultate,” 101-102) 

La USCCB ilumina esta convicción: “Pueden ocurrir instancias en las cuales un católico que rechaza las posiciones inaceptables de un candidato, incluso cuando apoya un acto intrínsecamente malo pueda decidir votar por ese candidato por razones moralmente graves . . . ” (Forming Consciences  for  Faithful Citizenship: A Call to Political Responsibility from the Catholic Bishops of the United States”) – cf. Marciano Vidal,  “Orientaciones Éticas para Tiempos Inciertos,;” Bernhard Haering, “Free and Faithful in Christ”)

La sabiduría de San Agustín y Sto. Tomás reafirma esta perspectiva:

También en los gobiernos humanos, aquellos que poseen autoridad, toleran con todo derecho ciertos males, para evitar perder ciertos bienes, o incurrir en males aún mayores: así, afirma Agustín (“De ordine,” II, 4): ´Si eliminas a todas las prostitutas, el mundo se vería convulsionado por la lujuria´” (“Summa Theologiae,” II-II q. 10 a. 11)

El clericalismo, por otro lado, según ha reiterado Francisco, es la causa principal de los abusos sexuales (“In the Church, the sense of entitlement is the cancer of clericalism: that perversion of the vocation to which we priests are called” (LUD, p. 25). El clericalismo está predicado en el mito del “sello indeleble”, que supuestamente hace al ministro ordenado ontológica y moralmente superior al resto de la humanidad (y que de suyo no aparece en el magisterio de la Iglesia sino hasta 1231, con Gregorio IX, en un contexto relacional, no ontológico). 

E) HACIA UNA MEJOR POLÍTICA 
Una vez más convoco a rehabilitar la política, que es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común” (Francisco, “Fratelli Tutti”, 180)

La  verdadera filosofía es la santidad de la razón”– Maurice Blondel (1861-1949), “L´Action.”

“Fratelli Tutti”, 154-197, recoge una obsesión personal patente en el pontificado de Francisco desde su comienzo: rehabilitar la auténtica política. “Para muchos la política hoy es una mala palabra”, se lamenta el papa (FT 176) – Pero la rehabilitación es imperativa, como lo expresa la cita anterior – De esta urgencia ha nacido el desarrollo de la “Teología Política”. Pre-eminente en la tradición católica han sido el teólogo jesuita John Courney Murray (1904-1967) y el alemán Johann Baptist Metz (1928-2019), discípulo de Karl Rahner. En sus obras, “La Fe en la Historia y la Sociedad” y “Memoria Passionis”, Metz plantea que toda teología debe tener como centro vital el clamor de las víctimas, toda verdadera teología debe centrarse en la “Memoria Peligrosa de Jesús” – debe ser, en un sentido real, “teología política.”

La memoria del Jesús de los Evangelios, conocido e interpelado directamente, es el Jesús liberado de sus prostituidas imágenes e íconos de cara dulzona, impávida, devocional – más bien, es la memoria del Jesús que grita “¡Hipócritas, sepulcros blanqueados, nidos de víboras!” (Mateo 23: 27-33) y que tiene la osadía de decirle a sus adversarios, a los “religiosos profesionales”, a los “buenos católicos” de su sociedad, que “los publicanos y las prostitutas entrarán por delante de ustedes en el Reino de los Cielos” (Mateo 21: 31).

Todo esto resulta, dice Metz, en una “esperanza subversiva” – El adjetivo “subversiva” indica que hablamos de una esperanza final, escatológica – ¡esperanza de un orden de cosas radicalmente nuevo! La “memoria peligrosa de Jesús define la espiritualidad indispensable de nuestros sueños de una nueva realidad, de una nueva sociedad, economía y política – ¡Hay que soñar peligrosamente, con esperanza subversiva! 

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F) NOCHE OSCURA, LUZ DEL ESPÍRITU
El conocimiento humano, en su esencia más íntima, no es sino el resplandor luminoso del amor” – Karl Rahner, “El Oyente de la Palabra”, 8

Las situaciones de riesgo, las situaciones periféricas que encaramos ahora, nos pueden arredrar – Francisco así lo reconoce, pero (en el inglés original de LUD, pp. 20-21): “We are not alone. This is why we need not be afraid to go down into the dark night of problems and suffering.” Francisco es un profeta profundamente imbuido por la tradición mística. La Noche Oscura del Alma (San Juan de la Cruz, Sta. Therese de Lisieux, Charles de Foucauld, otros) es el espacio donde Dios parece esconderse, cobijarse en secreto tras los rostros de los oprimidos y humillados – Pero allí, en la negrura de la noche, brilla la luz del Espíritu. 

G) ESPIRITUALIDAD DESDE LAS PERIFERIAS: EL SAMARITANO:
¡Éste es un momento especialmente para los corazones inquietos! (Francisco – en el original de LUD: “It´s a time especially for the restless of heart” – p. 6)

Ante la crisis del Covid-19 y la esperanza de un nuevo ambiente político resultante de las recientes elecciones, se impone el imperativo de una nueva espiritualidad. Tornemos aquí a la insuperable reflexión que Francisco nos ofrece sobre la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10: 25-37; “Fratelli Tutti”, Capítulo Segundo: “Un Extraño en el Camino”, FT 56-86)

Conocemos la parábola: un hombre (en contexto, un judío) iba de Jerusalén a Jericó: es asaltado y malherido por bandidos, que lo dejan echado a la vera del camino. Pasan dos “religiosos profesionales” (dos “buenos católicos”), un sacerdote del Templo y un levita, y siguen de largo. Aparece entonces un samaritano, que venda y unge las heridas de la víctima, lo lleva a un mesón, donde le adelanta un pago al posadero, con la promesa de resarcirle a su vuelta el saldo por cuidar al herido.

El problema es precisamente que conocemos demasiado la parábola – se nos ha embotado en nuestro espíritu – la imagen “buen samaritano” ha perdido su aguijón, se ha tornado en  uso cultural común para designar alguien que viene en ayuda de los demás.

¿Captamos el drama tan intenso, tan convulsivo, tan imposible, que narra la parábola? – Los samaritanos eran descendientes de los habitantes de la antigua Samaria, diezmada en el 722 A.C. por el asirio Sargón II, que asola la región  y se lleva cautivas a las (¿10?) tribus de israelitas residentes. Sargón repuebla Samaria con pueblos vecinos, que se mezclan con los israelitas que habían quedado o que regresaron. Los samaritanos al principio hicieron suyos los cultos idolátricos de sus vecinos, construyendo cinco santuarios a Baal (2 Reyes 17; 28-34) – de ahí los cinco maridos de la mujer samaritana – Juan 4: 18) – Luego se convierten al monoteísmo israelita, pero dan culto en su propio templo en el Monte Garizim. Cuando los israelitas regresan de la cautividad babilónica y reconstruyen el templo, rechazan y humillan a los samaritanos que se ofrecen a ayudar (Esdras 4) – Los samaritanos eran despreciados como de raza impura, herejes, manchados por cultos paganos.

Pero el  Buen Samaritano rompe barreras sociales y religiosas, establecidas por una religiosidad miope, edulcorada, auto-referencial, emasculada de todo vestigio de justicia social y la compasión del Evangelio – el samaritano entra en el mundo del herido, lo hace suyo, y trasciende -¡rompe, viola! –  lo que la religiosidad normativa de su mundo le quiere imponer – ¡el samaritano no le interesa ser un “buen católico” al uso moderno de la expresión – ¡Esta es la misión del cristiano, de la Iglesia, en el momento actual, ante pandemias y convulsiones políticas! – ¡Romper, violar las barreras, abrazar a todos, acompañar a todos, sanar a todos – y dejarnos sanar por todos! 

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H) RECONCILIACIÓN EN JUSTICIA Y CARIDAD
No entramos en la verdad sino por la caridad” – San Agustín, “Contra Faustum”, 32, 18 – Citado por Martin Heidegger, “Sein und Zeit”, V, A, 29

La reconciliación no puede comprarse a expensas de la justicia – ésta es el presupuesto mínimo de la caridad (S. Pablo VI) – Intentar la reconciliación exige una capacidad de perdonar, pero “el perdón no implica olvido . . . Los que perdonan de verdad no olvidan, pero renuncian a ser poseídos por  esa misma fuerza destructiva que los ha perjudicado” (Francisco, “Fratelli Tutti”, 250 – 251) – “La Shoah (el Holocausto) no debe ser olvidada . . . No deben olvidarse los bombardeos atómicos a Hiroshima y Nagasaki” (FT 247-248) – Robert Schreiter, C.P.P.S., sostiene: “In forgiving, we do not forget, we remember in a different way . . . We remember now in a way that does not carry rancor or resentment for what has been done. We remember now from God´s perspective, as it were, thanks to the grace of reconciliation” (“The Ministry of Reconciliation,” pp. 66-67).

EN CONCLUSIÓN: 
Dame un corazón amante, y sentirá lo que digo. Dame un corazón anhelante, un corazón hambriento, un corazón peregrinante y sediento en esta vasta soledad, deseando las fuentes de la patria eterna, dame tal corazón, y comprenderá lo que digo” – San Agustín, “Comentario al Evangelio de San Juan”, 26, 4

En definitiva, solamente un corazón herido, sangrante, clamando desde las periferias de los “menos de los menos” (Mateo 25: 40), un corazón exiliado y desterrado con los descartados, con las víctimas de nuestras opulencias, puede entender esto – solamente un corazón inquieto, solamente un corazón amante anhelante, sediento en esta vasta soledad, puede entrar en el Misterio último del amor, el Misterio que a todos nos abraza, que a todos nos define en la intimidad más profunda de nuestro ser.

El Evangelio, en su traducción social, política, personal, eclesial, democrática, siempre apunta a las palabras insuperables de San Ireneo de Lyon, escritas hacia el 190 D.C.

La gloria de Dios es el ser humano plenamente vivo” – “Adversus Haereses”, IV, 20, 7

* Sixto J. García, Ph.D.
Professor Emeritus de Teología Sistemática (Cristología y Escrituras.)
St. Vincent de Paul Regional Theological Seminary.