EE.UU. La inmigración en el 2021: Una visión anticipada

Por Siro del Castillo

“Amaras a tu prójimo como a ti mismo”.

“Tú tratarás al extranjero que reside contigo de manera diferente que al nacido entre vosotros; amarás al extranjero como a ti mismo; porque vosotros también fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto “(Levítico 19:34).

“Todo ser humano tiene derecho a la libertad de circulación y de residencia dentro de los límites de su propio Estado. Cuando hay razones justas a favor de él, se le debe permitir migrar a otros países y establecerse allí. El hecho de que sea ciudadano de un estado particular no le priva de pertenecer a la familia humana, ni de ciudadanía en la sociedad universal, la comunión común y universal de los hombres”2

Durante los pasados 4 años el tema relacionado con la inmigración en los Estados Unidos de América ocupo en muchos casos los titulares de los medios de comunicación. Lamentablemente en competencia con otros serios problemas a los que se ha estado enfrentando la nación, particularmente durante el 2020, donde la pandemia de mortales consecuencias, el colapso de la economía, los enfrentamientos sociales producto de la continuidad de las injusticias raciales o originados por una desatada la intolerancia política. Esto último incitado por políticos dedicados a crear la división y el caos.

El tema inmigratorio se vio afectado por actitudes y respuestas “xenófobas y racistas”, impulsadas por las políticas sobre inmigración de la pasada Administración del Presidente Trump, quien con Decretos Ejecutivos desarrolló e implementó medidas anti-inmigrantes de todo tipo y sin consideración alguna de respeto a la dignidad de la persona humana y de sus derechos. Muchas de ellas respaldadas y justificadas por las personas y grupos extremadamente conservadoras, incluyendo entre ellos algunos católicos.

Sin embargo, para los católicos esta actitud de respaldo a políticas extremistas en contra de los migrantes, no se puede justificar. La doctrina social de la Iglesia nos enseña, sobre el tema de los migrantes, que está basada en el principio del respeto a la dignidad de la persona humana, precedente de cualquier otro principio. Ya que una sociedad justa solamente se puede ver realizada en “el respeto de la dignidad trascendente de la persona humana”. Ésta representa el fin último de la sociedad. La enseñanza de la Iglesia sobre los inmigrantes comienza y termina con la persona humana y la dignidad humana. Cualquier sistema o instituciones u órdenes o reglas que sean adoptados por naciones, por lo menos deben respetar la dignidad de las personas humanas implicadas.

Desde la toma de posición el pasado 21 d enero del nuevo presidente de los EE.UU., Joseph R. Biden, el panorama en todo lo relacionado con el tema de inmigración en este país, parece encaminarse a que se implementen cambios, algunos de ellos prometidos durante la campaña presidencial, que presenten soluciones más justas y humanas para los inmigrantes.

Hasta la fecha, Biden ha eliminado algunas de las políticas de línea dura de Trump de un plumazo, con Decretos Ejecutivos que abren las puertas a nuevas y más humanas situaciones. Sin embargo, otras son regulaciones que probablemente tardarán meses en cambiar. La posibilidad de una solución más duradera solo se podrá lograr con una legislación de inmigración aprobada por el Congreso que se logre materializar. Legislación con la que también el presidente Biden se había comprometido durante su campaña.

1 Gálatas 5:14: Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
2 Juan Pablo II, Discurso al Nuevo Congreso Mundial sobre la Pastoral de los Inmigrantes, 17 de octubre de 1985.

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Los primeros pasos para lograr que esta solución de pueda materializar ya comenzaron. El pasado 18 de febrero, el Senador Bob Menéndez, (D-NJ) y la Congresista Linda Sánchez (D-CA) presentaron de forma bicameral el proyecto de Ley “U.S. Citizenship Act of 2021”, con el respaldo de un número significativo de Senadores y Congresistas.

Al presentar su proyecto de Ley el Senador Menéndez declaro: “Los últimos cuatro años han sido traumáticos para las comunidades de inmigrantes que han sufrido implacables ataques de la Administración Trump. Hoy, pasamos la página de este capítulo oscuro de nuestra historia y comenzamos el arduo trabajo de reparar el daño y reconstruir una mejor unión que refleje los valores de nuestra nación. Como hijo de inmigrantes cubanos y alguien que ha pasado mi vida adulta luchando por la reforma migratoria, tengo la esperanza de tener al presidente Biden y a la vicepresidenta Harris como socios fuertes para promover una visión audaz de la reforma migratoria”.

Este proyecto de Ley incluye entre otros importantes aspectos: 1. Crear una hoja de ruta hacia la ciudadanía para los 11 millones de inmigrantes indocumentados, proporcionando Dreamers, titulares de TPS y algunos trabajadores agrícolas; 2. Reformar el sistema de inmigración basado en la familia para mantener unidas a las familias; 3. Hacer crecer nuestra economía al hacer cambios en el sistema de inmigración basado en el empleo; 4. Aumentar el financiamiento para iniciativas de integración de inmigrantes y apoya a los gobiernos estatales y locales, ONG y otras organizaciones comunitarias que llevan a cabo programas de inclusión; 5. Proteger a los trabajadores de la explotación y mejora el proceso de verificación de empleo; 6. Apoyar a los solicitantes de asilo y otras poblaciones vulnerables al eliminar el plazo de un año para presentar solicitudes de asilo y reduciendo los retrasos en las solicitudes de asilo.

Otros aspectos del proyecto de Ley abordan las causas fundamentales de la migración desde Centroamérica, crea canales seguros y legales para las personas que busquen protección, propone mejorar los tribunales de inmigración y proteger a las personas vulnerables, y modernizar el trabajo en la frontera de forma más eficaz.

Por otro lado, los defensores de los inmigrantes están desde hace muchos años impulsando cambios importantes, como los que se proponen en el proyecto de Ley, pero reclaman otros que no están siendo considerados. Sin embargo, los expertos en inmigración dicen que “existe un abismo entre sus esperanzas y lo que es legalmente posible”.  Se observa también, que originalmente el presidente Biden habló de una Ley de inmigración bipartidista, pero hasta ahora no se vislumbran posibilidades en este sentido.  La propuesta presentada por el Senador Menéndez y la Congresista Sánchez no fue copatrocinada por nadie de la bancada republicana, pese a que en intentos anteriores el Senador Menéndez había conseguido el copatrocinio de algunos senadores republicanos. 

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Quizás hoy en día el obstáculo principal sea, que somos una nación profundamente dividida que impide, por manipulaciones y compromisos políticos, alcanzar un consenso bipartidista que facilite que el “U.S. Citizenship Act of 2021” sea aprobado. El proceso para lograr una aprobación es joven y no hay razón alguna para perder las esperanzas de que finalmente logremos una Ley verdaderamente justa y humana. 

Para el Papa Francisco el logro de una Ley verdaderamente justa y humana necesita de un cambio de actitud hacia los migrantes con el fin de “superar la indiferencia y anteponer a los temores una generosa actitud de acogida hacia aquellos que llaman a nuestras puertas”.  Las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia nos comprometen a que aboguemos por políticas que apoyen a los inmigrantes y los refugiados. Políticas que se correspondan con los principios y valores que profesamos, “que propongan medidas y soluciones justas, donde la persona humana sea el centro y el objetivo de las mismas”.

Para los cristianos los principios de “Amarás al prójimo como a ti mismo” y de “amarás al extranjero como a ti mismo” son la raíz que cimienta nuestro compromiso y responsabilidad para lograr para los inmigrantes e indocumentados, que solo buscan la posibilidad de su realización personal, “el respeto de la dignidad trascendente de la persona humana”.

Al ser nominado Alejandro Mayorkas por el presidente Biden, para ocupar el puesto de ministro del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), manifestó en un comunicado:

 “Cuando era muy joven, Estados Unidos nos proporcionó a mi familia y a mí un lugar de refugio”.  “Ahora, he sido nominado para ser el ministro del DHS y supervisar la protección de todos los estadounidenses y aquellos que huyen de la persecución en busca de una vida mejor para ellos y sus seres queridos”.

Querer “una vida mejor para ellos y sus seres queridos” no es un crimen y al igual que el nuevo Ministro de DHS, buscar en los Estados Unidos “un lugar de refugio” para sus familias es para muchas personas una necesidad de vida o muerte. 

*Siro del Castillo, member of the Executive Secretariat of the Unity Table for Democratic Action; member of the Task Force on Memory, Truth and Justice sponsored by Florida International University (FIU), which produced, “Cuban National Reconciliation”. Miami: Latin American & Caribbean Center, FIU, 2003; recipient of the Florida Immigrant Advocacy Center “Liberty And Justice For All” award; recipient of the F.A.C.E. “Directors´ Award” in recognition for his many years of work, in defense of the human rights of the Cuban people; he has been an official speaker before the former United Nations Commission of Human Rights, now known as the Human Rights Council, at their annual meetings held in Geneva, and at the Inter American Commission for Human Rights of the Organization of American States (OAS) in Washington, D.C.; Mr. del Castillo has been a guest columnist for several publications, writing on Cuba’s human rights, immigrations, and refugees.