Cooperativismo

El «cooperativismo» es un movimiento que promueve la cooperación de productores y consumidores en diversas áreas del sector económico y social mediante asociaciones voluntarias denominadas «cooperativa».

Con más de tres siglos de historia (en 1769 se fundó la cooperativa de consumo de la «Sociedad de las Hilanderas de Fenwick», o Fenwick Weavers' Society, en  Escocia), actualmente, el cooperativismo es una fuerza económica que extiende sus beneficios a la base de la pirámide económica y propicia la inclusión financiera de los más necesitados, creando oportunidades de desarrollo social, económico y ambiental que valoran las capacidades y la dignidad de sus miembros convirtiéndolos en «dueños de su propio destino».

A pesar de que algunas ideologías y regímenes totalitarios han intentado manipularlo, el legítimo movimiento cooperativo se ha desarrollado manteniéndose fiel a unos valores éticos y organizativos que pueden sintetizarse en algunos de los principios clásicos del cooperativismo:

  • Libre adhesión y libre retiro
  • Participación responsable
  • Educación continua
  • Esfuerzo propio y ayuda mutua
  • Responsabilidad compartida
  • Distribución equitativa de beneficios
  • Solidaridad con la comunidad

A continuación, presentamos un ejemplo novedoso y exitoso del cooperativismo, CECOSESOLA, organismo de integración cooperativa constituido en Barquisimeto, capital del Estado Lara, región centro occidental de Venezuela, que surgió como una «Central Cooperativa de Servicios Sociales de Lara» - de esas siglas viene su nombre: CECOSESOLA- a partir del 17 diciembre del año 1967. 

Es de hacer notar, que en su promoción inicial participaron activamente algunos sacerdotes jesuitas del «Colegio Javier» de Barquisimeto y del «Centro Gumilla» (Centro de Investigación y Acción Social de los Jesuitas en Venezuela).

CECOSESOLA ¹

CECOSESOLA es un proceso educativo basado en la reflexión colectiva en el quehacer diario, donde nos relacionamos sin líneas de mando, abiertos a una participación plena, sin intermediación. Ese proceso se desenvuelve dentro de una red cooperativa de cincuenta organizaciones comunitarias de los sectores populares, ubicadas principalmente en la región centro occidental de Venezuela. Entre las múltiples actividades que gestionamos unos 1.300 trabajadores y trabajadoras asociadas destacan las siguientes: 

  • Brindamos un servicio funerario, a través del cual 20.000 familias nos garantizamos un servicio digno, con ataúdes producidos por nosotros mismos, cubriendo una necesidad que fue el motor inicial de la futura red de cooperativas
  • Conformamos una red de salud donde nos atendemos anualmente hasta 250.000 personas en 7 centros de salud (tres de ellos también con odontología) ubicados en barrios populares de la ciudad de Barquisimeto. Además, disponemos de un centro hospitalario, el CENTRO INTEGRAL COOPERATIVO DE SALUD con dos quirófanos, un ambiente para el parto respetado, 20 camas de hospitalización, 18 especialidades médicas así como servicios de diagnóstico (laboratorio, ecografía, radiología y gastroscopias) y terapias alternativas (acupuntura, hidroterapias, masajes…). En esta red participan alrededor de 300 profesionales de la salud, todos/as trabajadores/as asociados/as integrantes del proceso cooperativo. 
  • Gestionamos 23 mercados comunitarios integrados con 20 organizaciones campesinas y 7 pequeñas unidades de producción comunitaria. A través de esta red, garantizamos a más de 100.000 familias, alimentos y artículos de limpieza a precios solidarios. Se estima que los precios de nuestros servicios representan anualmente un ahorro comunitario del orden de los 20 millones de dólares.
  • En 1998, CECOSESOLA fue seleccionada por el Banco Interamericano de Desarrollo como una de las ocho experiencias más exitosas de organización comunitaria de América Latina.
  • En noviembre pasado, fuimos galardonados en Suecia con el premio Right Livelihood 2022 o premio Nobel alternativo por la fundación del mismo nombre. El jurado nos seleccionó, entre 177 nominados de 75 países del mundo: «Por establecer un modelo económico equitativo y cooperativo como alternativa sólida a las economías basadas en el lucro».

Del «poder sobre» al «poder hacer juntos/as»

En los inicios de CECOSESOLA (1967), funcionábamos como una cooperativa convencional con cuerpos directivos. El Consejo de Administración tenía plenos poderes para tomar decisiones en el marco de nuestros estatutos y anualmente rendía cuentas en una asamblea conformada por los delegados de las cooperativas afiliadas. Los trabajadores y trabajadoras no podíamos participar, ni en las tomas de decisiones cotidianas, ni en las asambleas.

Actualmente, los trabajadores y trabajadoras somos asociados/as y gestionamos las actividades en espacios descentralizados, rotando las tareas. No existen órganos directivos, ni líneas de mando. Y en reuniones conjuntas con miembros de las cooperativas de la red, abordamos prioritariamente los temas que tienen que ver con la globalidad. Por ejemplo: el precio de los productos que se intercambian dentro de la red, los financiamientos que se otorgan a través del fondo de financiamiento, las políticas de precios de nuestros servicios… 

Nuestras reuniones no se rigen por las formalidades empresariales, más bien son encuentros comunitarios abiertos a quien quisiese participar. Las decisiones son consensuales. No existe la votación.

Las decisiones son consensuales, ya sean tomadas individualmente, por varios o en reuniones, en cuanto sean coherentes con nuestros fundamentos de transparencia, responsabilidad, equidad y solidaridad. Cada quién es responsable de las consecuencias de las decisiones que tome. Cualquier decisión puede ser cuestionada con base a su coherencia con nuestros fundamentos.

Cuando funcionábamos como una cooperativa convencional, las asambleas gravitaban en un enfrentamiento entre la directiva y los asambleístas. Esto fue más evidente en los años 70 cuando CECOSESOLA se convirtió en una referencia de poder en nuestra ciudad. En esa ocasión, el tema central de las asambleas era la toma del poder dentro de la organización por parte de los que aspiraban a él. Era un desgaste permanente de energías. Se coartaba nuestra capacidad de hacer. 

En nuestra red, tanto personal como grupalmente, gozamos de una amplia libertad de actuar y decidir. Se trata de una libertad que existe para facilitar nuestra transformación personal o grupal con base en la reflexión colectiva sobre las cualidades de las relaciones que se evidencian en el quehacer diario. 

Sin embargo, una cosa es libertad y otra es libertinaje. Nuestro proceso reflexivo transformador se desarrolla en un marco ético, en el marco de unos fundamentos de transparencia, responsabilidad, equidad y apoyo mutuo. De esta manera vamos nutriendo la confianza mutua tan necesaria para propiciar y fortalecer la integración humana y grupal. Y para ir identificando nuestra pertenencia a un proyecto común.

Evidentemente estamos hablando de una autonomía, tanto personal como grupal, que no implica que cada quién haga lo que le viene en gana. No significa que como no tenemos líneas de mando, tomemos decisiones por conveniencia personal, o que como agrupación saltemos los acuerdos de la red, o que no nos relacionemos con transparencia y responsabilidad con las personas o agrupaciones de nuestro entorno.

Al ir construyendo relaciones de confianza que trascienden cada una de nuestras agrupaciones y las vamos profundizando con otras personas y entes integrantes de la red así como con el mundo que nos rodea continuamos fortaleciendo nuestra autonomía.

En estos momentos, sin cargos gerenciales, ni cuerpos directivos, con la rotación de tareas, y la toma de decisiones consensuales, se han ido desdibujando los espacios desde los cuales se pueda ejercer el poder sobre el otro o la otra. La energía ya no se desperdicia en la lucha por posiciones de poder. Ahora, cuando de nuevo CECOSESOLA ocupa un lugar de mucha relevancia en nuestra ciudad, si alguien quisiese hacerse del poder en ella, no hallaría cómo lograrlo, ya que el «poder sobre» se ha ido diluyendo, transformándose en el «poder hacer juntos/as».

Descubriendo otras maneras de hacer en el hacer

A primera vista, gestionar una actividad en CECOSESOLA es algo muy sencillo. Se trata de enfocarnos en aunar esfuerzos, trascendiendo las separaciones inherentes a las estructuras organizativas convencionales como, por ejemplo, las propuestas organizativas emanadas de la Superintendencia de Cooperativas de Venezuela que se aplican sin un análisis crítico de la coherencia que pudiesen tener con nuestro momento cultural y que coartan el desarrollo de nuestras potencialidades y nuestro aporte al desenvolvimiento de las actividades. 

Se trata de integrarnos como una familia y allí va floreciendo la pasión y la creatividad en cuanto el trabajo va dejando de ser trabajo; y en ese hacer juntos, van emergiendo los espacios de encuentro y las dinámicas necesarias para el mejor funcionamiento de cada actividad y de la red en su conjunto.

Así ha ido emergiendo una manera de hacer muy diferente a lo que habitualmente se entiende como organización y que guarda relación con la manera de organizarse de la humanidad alrededor de la fogata durante decenas de miles de años. Una manera de hacer cuya razón de ser es el ir facilitando un proceso educativo personal y colectivo a partir de lo cotidiano. 

Inicialmente, desmontamos la organización convencional implementando una reunión semanal donde entre todos y todas gestionamos en conjunto cada actividad. Después, según el crecimiento y la progresiva complejidad de la red, se fueron creando nuevas reuniones: por ejemplo, de producción y ferias, de la red de abastecimiento, de apoyo financiero, de reflexión para profundizar aún más sobre lo ocurrido en los diferentes espacios, así como algunas otras reuniones eventuales para ahondar en una determinada situación o acontecimiento. Todas están abiertas a la participación del que quiera integrarse a ellas. Ninguna fue prevista o planificada con anterioridad, sino que han ido respondiendo a las necesidades del momento. Se trata de un proceso de creación colectiva, apoyado por un conversar permanente.

También, según las necesidades del momento, fueron emergiendo las dinámicas de la rotación de tareas y de los intercambios entre las personas de las diferentes asociaciones que conformamos la red, así como la importancia de que las personas que estamos en oficinas la mayor parte del tiempo, dediquemos por lo menos un día a la semana a sacudirnos de la rutina, rotando en las diferentes actividades de nuestros mercados cooperativos.

Y la clave que ha hecho todo esto posible, ha sido el ir alimentando y profundizando permanentemente ese proceso educativo transformador que es facilitado justamente por nuestra manera de abordar el hacer. Un proceso educativo basado en la reflexión colectiva permanente sobre las cualidades de nuestras relaciones en el quehacer diario, profundizando la solidaridad, la equidad, la transparencia y la responsabilidad, construyendo relaciones de confianza.

Solidaridad con la comunidad

Sin embargo, en eso de «gerenciar» no nos guiamos por los criterios empresariales destinados a acrecentar la acumulación de riquezas.  

Si bien cuidamos con esmero la sustentabilidad de nuestras actividades económicas, al mismo tiempo estamos inmersos en un proceso de ir siendo comunidad, profundizando una creciente responsabilidad y compromiso social. La comunidad no es algo aparte de nosotros, sino que somos parte de ella. Las necesidades comunitarias y los compromisos contraídos están siempre presentes en nuestras decisiones económicas. De hecho, reinvertimos la totalidad de nuestros excedentes en función social.

La idiosincrasia latinoamericana tiende a valorizar más las cualidades de las relaciones entre las personas que las cosas. Por ejemplo, el conservar la amistad entre los miembros de una organización tiende a ser más importante que la productividad económica. Esto muchas veces ocasiona unos resultados desastrosos. En la red CECOSESOLA le damos prioridad a construir relaciones de amistad basadas en la transparencia y la responsabilidad. Y a pesar de múltiples tropiezos en el camino, hemos ido construyendo formas efectivas para producir bienestar.

Hay muchos acontecimientos donde, al ir respondiendo a las necesidades y compromisos comunitarios, hemos ido más allá de los criterios economicistas.  Podemos mencionar algunos de esos momentos, que han sido estelares para nosotros:

  • 1967. Nuestra solidaridad comunitaria cuando, sin recursos y sin conocimiento del ramo, iniciamos nuestro servicio funerario cooperativo a precios al alcance de los sectores populares, frenando la especulación ante la muerte de un ser querido. 
  • 1980. Nuestra lealtad comunitaria al negarnos a aumentar el pasaje de nuestro transporte cooperativo aun absorbiendo unas pérdidas económicas millonarias del orden de los 7 millones de dólares.
  • 2009. El cumplimiento de la palabra al culminar con recursos propios nuestro precioso hospital cooperativo valorizado en 3 millones de dólares, incluyendo aportes de toda la comunidad usuaria de nuestros servicios. 
  • 2015-2018. El acompañamiento solidario a la ciudadanía en los años de escasez de productos básicos, compartiendo con criterios de equidad lo que se conseguía, atendiendo desde las 6 am hasta altas horas de la noche, a la última persona que esperaba en las largas colas. En una ocasión hasta las 11 pm. 
  • 2019. Marzo. Fiar más de 100 toneladas de verdura cuando el apagón eléctrico nacional de cinco días, encontrándose las personas sin dinero en efectivo y sin puntos de ventas. Para miles de familias fue su única posibilidad de llevar comida a su casa ya que los otros expendidos de comida cerraron sus puestas temiendo saqueos. 
  • Hace menos de un año se nos presentó una nueva situación crítica. En solo cinco días el valor del dólar paralelo subió más de 40% y los comercios de alimentos se apresuraron a cerrar sus puertas, procediendo a remarcar el precio de sus productos. Ante el riesgo de perder más del 40% de su poder adquisitivo le trasladaban mecánicamente la pérdida a su clientela. De un solo golpe la población se empobrecía en ese mismo porcentaje. Habíamos perdido una suma importante de dinero siendo consecuentes con lo que se esperaba de nosotros, fortaleciendo las relaciones de confianza, acrecentando un proceso de simbiosis comunitaria.

Construyendo Autonomía   

Mucho se habla sobre la importancia de la autonomía de las agrupaciones comunitarias. En unos casos se hace hincapié en evitar el tutelaje por parte del gobierno de turno, de los partidos políticos o de las iglesias. También, se resalta, entre otras, la importancia de la autonomía financiera esa capacidad de generar nuestros propios recursos. 

Si bien todas estas condiciones son importantes para ir construyendo autonomía ¿serán suficientes para ir logrando la autonomía que anhelamos? Por ejemplo, ¿cuánta autonomía puede haber en una agrupación, que no tenga relaciones de dependencia con entes gubernamentales, políticos o religiosos y con capacidad de autofinanciarse, pero que sea manejada por una sola persona o por un pequeño grupo? ¿O donde sus integrantes estén solo persiguiendo sus intereses personales, siendo presa fácil de la manipulación? ¿O en aquellas asociaciones comunitarias que, gravitando en una actitud de individualismo colectivo, se integran solo en cuanto les conviene a sus fines inmediatos, sin percatarse de las posibilidades de ir construyendo autonomía en conjunto con otras agrupaciones?

En la red CECOSESOLA hemos venido cimentando un proceso que se aparta del tutelaje de los gobiernos de turno, partidos políticos e instituciones religiosas. Hemos creado nuestros propios sistemas de salud y de financiamiento. Hasta hemos construido con nuestros propios recursos un hospital cooperativo valorado en 3 millones de dólares. Sin embargo, sentimos que hace falta mucho más para fortalecer ese proceso de ir construyendo autonomía. 

Al tratarse de un proceso, no se puede decretar. Comienza por nosotros/as mismos/as. Se trata de continuar profundizando nuestra transformación cultural, trascendiendo el individualismo que se refleja cuando gravitamos en nuestros intereses personales sin tomar en cuenta a la otra persona y a lo otro. Un individualismo que también está presente cuando nos colocamos en función exclusiva de la agrupación o del espacio al cual pertenecemos, e inclusive cuando el nosotras se confina a la red en su conjunto. Allí hablamos de individualismo de grupo.  Es menester continuar derribando las fronteras culturales que están allí creando separaciones artificiales. Se trata de ir desdibujando eso de «nosotras y ustedes».

Vamos siendo personas autónomas en cuanto vamos saliéndonos del mundo de lo concreto, trascendiendo la tendencia cultural hacia el aprovechamiento individualista donde la otra persona y lo otro están allí sólo para ser utilizados. Vamos siendo autónomas en cuanto vamos siendo menos manipulables al ir descubriendo lo que va más allá del mundo concreto, lo que es invisible a nuestros ojos. Y desde allí, partiendo de nuestra transformación personal, vamos profundizando y ampliando nuestro círculo. 

CÓMO ENTENDEMOS LA ÉTICA

Poco a poco vamos profundizando relaciones éticas, de respeto mutuo. Para nosotros esto significa, no sólo hacernos responsables de las consecuencias de nuestro accionar, sino, además, ir relacionándonos con transparencia y equidad, y practicando el cuido mutuo. 

Ahora bien, nuestros fundamentos éticos no son estáticos. Se van enriqueciendo y transformando con base a las necesidades del momento, según vamos profundizando nuestro proceso educativo. Con el tiempo, hemos ido comprendiendo que la responsabilidad no se limita a tareas concretas, sino que incluye, entre otras, nuestra responsabilidad de sembrar y alimentar el proceso educativo e incluso el cuido del medio ambiente. Hemos ido comprendiendo que la igualdad concreta puede ser sumamente injusta y que la equidad es un proceso sin fin que se va construyendo en cuanto reconocemos nuestras diferencias, partiendo de la enorme diversidad existente. Hemos ido comprendiendo, también, que la solidaridad se pudiese manifestar como una relación paternalista unidireccional, de manera que, más bien, nos vamos alentando en una práctica reciproca de cuido mutuo.

Se trata de una ética que no emerge del moralismo. No se trata de juzgar al otro o la otra. Se trata, más bien, de una ética que emerge de una necesidad, de la necesidad de ir construyendo esas relaciones de confianza tan esenciales para que funcione nuestro proceso participativo. 

A modo de resumen y conclusión

A través de los años hemos ido implementando maneras de abordar la gestión, muy diferentes a las acostumbradas en las empresas privadas o públicas. A continuación, algunos ejemplos:

  • Hacemos hincapié en eliminar las líneas de mando al ir desdibujando las jerarquías. Así abrimos la posibilidad de potenciar nuestro desarrollo personal, pues todas las personas que integramos la red tenemos la libertad de hacer, de desarrollar nuestras iniciativas, de asumir responsabilidades, de equivocarnos y aprender de nuestros errores.
  • Propiciamos que, al tener acceso a la información y a los criterios colectivos, podamos asumir la responsabilidad personal de tomar decisiones sin depender de las reuniones.
  • Contrario al énfasis empresarial en la especialización, rotamos las tareas y así vamos desdibujando centros de poder basados en el control de la información y el conocimiento. Al ir teniendo todos y todas acceso a la información y al conocimiento, abrimos de nuevo la posibilidad de potenciar nuestro desarrollo personal y ampliamos la participación en las decisiones al ir construyendo una visión global de las actividades.
  • En parte con miras a facilitar la rotación de las tareas, a excepción de algunos profesionales de la salud, tenemos ingresos personales iguales en cada espacio de actividad según la productividad lograda en cada uno de ellos. Esto evita esa competencia por los cargos que tantas energías consume en las empresas y facilita aún más el compartir la información y el conocimiento.
  • Al establecer el precio de los productos que intercambiamos dentro de la red, no nos guiamos por los precios del mercado, sino que llegamos a consensos basándonos en sus costos. En vez de una negociación que termina en un contrato, se trata de acuerdos de palabra. Con nuestra transparencia al presentar los costos y nuestra responsabilidad en el cumplimiento de los acuerdos, vamos posibilitando esas relaciones de confianza que van emergiendo de nuestro proceso educativo.
  • Centrados en fomentar un proceso educativo y no en función de hacer cosas por sí mismas, no tenemos metas de crecimiento cuantitativo. De manera que no planificamos la ampliación de nuestras actividades, ni el desarrollo de nuevos emprendimientos. Estos van emergiendo según las necesidades –tanto materiales como del proceso educativo- de acuerdo con la madurez del momento que estemos viviendo.

Haciendo las cosas tan diferentes a las normas empresariales hemos podido desarrollar a gran escala, una gran variedad y un considerable volumen de actividades económicas en un mercado sumamente competitivo. Además, hemos estado garantizando nuestro sustento como integrantes de la red, así como servicios a precios solidarios y «surfeando» las múltiples complejidades de la situación política, económica y social de nuestro país. 

Sin embargo, estas y otras innovaciones, por sí solas, no garantizan una efectividad operativa. Existen para facilitar nuestro proceso educativo, pero no son suficientes, ya que facilitan mas no garantizan la profundización de esas relaciones de confianza que son las que van haciendo que funcionemos con efectividad.  

El reto se encuentra en ir convirtiendo, a través de la reflexión colectiva, todo lo que ocurre en el día a día, en una maravillosa oportunidad transformadora.

¹ Este texto fue elaborado en conjunto por algunos asociados de CECOSESOLA y editado para El Ignaciano. Puede encontrar mayor información en su página web:

   https://cecosesola.org