El Ignaciano / Diciembre 2025
Cristianismo y Agroecología
Matthew Philipp Whelan
Publicado en línea por Cambridge University Press: 17 de junio de 2025
Antonio Sowers
Hago mis comentarios de este libro por el impacto que produjo en mis conocimientos sobre la agroecología, el Derecho Natural y la Doctrina Social Católica. ¡Profundizando en la Ecología sobre la agricultura y el desarrollo técnico – científico del Derecho Natural y la Doctrina Social Católica!
He leído y estudiado sobre el Derecho Natural y la Doctrina Social Católica, pero me encontré de pronto con la agroecología. Resulta muy interesante porque me enseña nuestra vocación de labrar y conservar la tierra, ofreciendo herramientas prácticas para proveernos a mí y a los demás. Puede contribuir a la clarificación e incluso al desarrollo de la ética de la ley natural y de la Doctrina Social, ecologizándola y profundizándola.
El libro «Cristianismo y Agroecología» fue una luz para mi vida. Fue un regalo del Padre y de mi amigo Emilio Travieso, S. J.
El autor nos enseña en este libro que la agroecología es un tipo de disciplina: una ciencia, una práctica y una política. Empezó en las primeras décadas del siglo XX como una ciencia que combinó agronomía y ecología. La agronomía se originó a mediados del siglo XIX como una ciencia que aprovechaba la química del suelo y el fitomejoramiento para aumentar la producción de los cultivos. La ecología surgió más tarde y se centró en los sistemas naturales y la aplicación práctica a la vida humana. Desde el principio la agroecología tenía en cuenta las consecuencias nocivas de la creciente sumisión de la ciencia agrícola al ideal industrial.
El agrónomo ruso Basil Bensin utilizo por primera vez el término «agroecología» y la definió como un programa de investigación por la sumisión de la agricultura industrial. Los científicos agroecológicos descubrieron que los sistemas agrícolas de pequeños agricultores en todo el mundo (campesinos, pueblos indígenas, cazadores y recolectores, agricultores familiares, pastores, pastoras y otros) ya practicaban una agricultura basada en la ecología en vez de la producción industrial.
El libro examina que la agroecología es una resistencia a un sistema económico que antepone las ganancias a la vida. La agricultura industrial, destruye la fertilidad del suelo, es responsable de la desforestación de las zonas rurales, la contaminación de las aguas, la acidificación de los océanos y la muerte de las pesquerías. Desde el punto de vista social, la agricultura industrial está relacionada con el acaparamiento de tierras, la criminalización de los movimientos sociales, la mercantilización de bienes esenciales de la producción agrícola como las semillas y con los efectos adversos para la salud de los alimentos procesados.
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Me viene a la mente, leyendo en el libro sobre la realidad de la agricultura industrial, una pregunta: ¿Como puedo priorizar la vida a las ganancias?
Los pequeños agricultores, en una reunión celebrada en el 2015 en Nyeleni (Mali), dicen que:
- la lucha agroecológica es una lucha política, «lucha conjunta por la justicia”, justicia que es social y ecológica, que Implica la vida humana y no humana;
- se hace necesario trabajar con principios y procesos ecológicos: cultivando la biodiversidad, estableciendo espacios habitables para otras criaturas y sosteniendo las fuentes naturales de productividad agrícola;
- hace falta justicia para apoyar y defender a los pueblos y comunidades que continúen cultivando estos sistemas agrícolas;
- se requieren leyes, tradiciones, costumbres, sistemas de tenencia de las tierras e instituciones;
- es necesario aplicar la «Soberanía alimentaria» para poner el control de las semillas, la biodiversidad, la tierra y los territorios, las aguas, el conocimiento… en manos de los pueblos que alimentan al mundo;
- la agroecología es una visión diferente del mundo y nuestro lugar dentro de él en comparación con la ciencia de la agricultura industrial.
El autor analiza un tema delicado y crítico: «Cómo la agroecología y su justificación ecológica pueden ayudar a la enseñanza social cristiana a aclarar y profundizar la ética de la ley natural».
Se destaca que la gramática de la agroecología está más en sintonía con las realidades del mundo de criaturas que habitamos que con la ecología idealizada que adopta la enseñanza social. ¡Así la agroecología brinda una valiosa sabiduría a la doctrina social católica para remediar el daño que hemos hecho a nuestra casa común!
La agroecología utiliza «una gramática que establece fines y criterios para el uso sabio». Se caracteriza por ser un arte agrícola imitativo de la naturaleza, una disciplina cercana al razonamiento moral de la tradición cristiana llamada «la ley natural». Los agro ecólogos se dan cuenta de la sabiduría en el mundo de las criaturas; distingue entre buenos y malos enfoques de la agricultura. La agroecología presupone una especie de ética de la ley natural.
La enseñanza social cristiana aborda un mundo de las criaturas más amplio como en el espacio y el tiempo. La agroecología usa reglas y leyes para guiar la labranza y el mantenimiento. Una ecología idealizada excluye características de la criatura humana, implica una separación entre los humanos y el resto de la creación que está en tensión con la doctrina de la creación; no tiene un reconocimiento suficiente del dinamismo ecológico o la muerte. La agroecología concibe a la criatura humana dentro de la ecología, no fuera de ella. Los agroecosistemas son híbridos naturaleza-cultura; tienen en cuenta los cambios en la tenencia de la tierra y las fluctuaciones de los precios, la degradación del suelo o los brotes de insectos herbívoros como condiciones cambiantes. Las fuentes esenciales de una agricultura que cultiva y mantiene son tanto culturales como naturales.
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El libro menciona algunos temas aportados por el papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate (Caridad en la verdad) del 29 de junio de 2009, solemnidad de San Pedro y San Pablo:
a) El medio ambiente es un don de Dios para todos y tengo una responsabilidad con los pobres, las generaciones futuras y hacia la humanidad en su conjunto.
b) La naturaleza expresa un diseño de amor y verdad. La naturaleza me habla del Creador (Romanos 1, 20). La naturaleza no es montón de basura dispersa, sino un don del Creador que le dio un orden para «cultivarla y guardarla» (Génesis 2, 15).
c) La ley natural implica la totalidad de la creación y su bondad, sabiduría, inteligibilidad e integridad. En la naturaleza hay un mensaje ético contenido en el ser que la tradición llama «la ley natural». El mensaje que propaga en el mundo sobre las criaturas no es sólo moral, sino también teológico.
d) Insiste en nuestra responsabilidad cuyo uso y disfrute de la creación está en peligro debido al pecado: los pobres que sufren de la privación de las necesidades básicas; los hambrientos, los desnudos, los sin viviendas, los enfermos y los presos. Ubica las tres relaciones fundamentales: con Dios, entre los seres humanos y con las criaturas en general.
También destaca que el papa Francisco, en su Jornada Mundial por la Paz de 2014, reconoce que la característica de esa gramática es que la creación es un don a la familia humana en común y que Dios quiere que el don beneficie a todas las personas. Francisco destaca que la agricultura es el primer sector productivo con la vocación de cultivar y proteger los recursos naturales para alimentar a la humanidad. Rechazó el contraste negativo entre lo humano y lo no humano, considerándolo un falso contraste; valoro a ambos o no lo valoro.
En la encíclica Laudato si’ (Sobre el cuidado de la casa común) del 24 de mayo de 2015, solemnidad de Pentecostés, el papa Francisco nos habla:
a) El ser humano con procedimientos científicos y experimentales ejerce posesión y control sobre los objetos: «paradigma tecnocrático». Esta cultura tiende a desperdiciar lo que usa: “cultura del descarte”. Francisco aboga por un enfoque de la agricultura, y de las artes prácticas en general, semejante a la agroecología; nos muestra el ejemplo de los ecosistemas y su sabiduría, visualizando artes agrícolas y otras artes humanas que imitan a la ecología.
b) En los ecosistemas la luz solar, el agua y los minerales, no los combustibles fósiles, suministran la energía, y lo que las criaturas desechan nunca se desperdicia, sino que se recicla y reutiliza por otras criaturas. La circularidad de los ecosistemas es coherente con el enfoque de la agroecología.
c) El enfoque de la agroecología de trabajar con principios y procesos ecológicos sería una forma de contrarrestar la cultura del descarte que afecta a todo el planeta; lamenta el papel de los humanos en el daño y la destrucción de la creación.
d) Insta a una mayor inversión en investigaciones destinadas a comprender el buen funcionamiento de los ecosistemas. Una agricultura sostenible y diversificada basada en rotaciones de cultivos complejos representadas por comunidades de pequeños productores que preservan los ecosistemas locales. Francisco reconoce que la agricultura tiene una política y favorece los intercambios que escuchan e integran el lenguaje científico-técnico.
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El autor indica que el principio básico de la Teología comprometida con la ciencia es que cada vez que los teólogos hacen afirmaciones sobre realidades empíricas creadas, deben incorporar las ideas de la investigación empírica en su análisis. La ciencia puede servir como una valiosa fuente de comprensión para la Teología, tal como he argumentado que la agroecología lo hace para la doctrina social católica. En ese sentido se plantean algunos temas:
- El don de la muerte. La doctrina social católica requiere una reflexión sobre la inseparabilidad inherente y constitutiva de la muerte en la gramática ecológica que da fines y criterios para el buen uso. La vida depende de la muerte, al igual que la productividad, el funcionamiento y la ejemplaridad potencial de los ecosistemas. El bien de la vida es parasito del mal de la muerte de las criaturas.
- La muerte de las plantas y los animales no humanos dentro del mundo de las criaturas más amplio. ¿Si la vida depende de la muerte, significa eso que la muerte no es del todo mala? ¿Es parte del orden creado? ¿O es la vida misma un bien empañado debido a su enredo con la muerte? La muerte es una realidad empírica que plantea estas y otras cuestiones teológicas morales.
- ¿Qué lugar ocupan las criaturas como las plantas y los animales no humanos que han muerto en el propósito final de Dios para la creación? ¿Cuál es su final? ¿Participan en la resurrección?
- La respuesta correcta a esta realidad no es ignorar, negar o huir de esta dificultad, más bien, recibirla con humildad, dar gracias al Dios bueno y omnipotente que saca el bien de la muerte, y mirar con esperanza hacia el día en que la muerte deje de existir.
Considero, igual que el autor de este libro, que como creyentes debemos respetar la presencia de Dios y nuestra responsabilidad con su creación. Que no tomemos el lugar de Dios, pues comenzamos a vivir y un día partimos a la casa del Padre. El dueño absoluto de todo es Dios, que con todo su amor nos da la libertad de vivir para siempre su Reino eterno. Agradezcámoslo.
Antonio L. Sowers, MA en Teología Pastoral, Barry University; Movimiento Laudato si’, director de «Conversión ecológica» del IJPA, que le otorgó un «Certificado de Agradecimiento» por su gran aportación en el cuidado del planeta.
