El Ignaciano / Septiembre 2024

«Cumpleaños» de la Compañía de Jesús

Martin Lenk, SJ

Me han solicitado que escriba algo para el «cumpleaños» de la Compañía de Jesús. Habitualmente se considera que el aniversario de la fundación de la orden es el 27 de septiembre, porque ese día de 1540 el papa Pablo III firmó la bula Regimini militantes  Ecclesiae mediante la cual aprobó la nueva orden religiosa.¹  También se pueden sugerir otras fechas,  como el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Virgen y día en el cual en el año 1534 los primeros siete compañeros hicieron sus primeros votos en el Montmartre, Paris. Otra posible fecha sería el 22 de abril del 1541, hoy día de «María, Madre de la Compañía de Jesús»; este día los primeros compañeros hicieron sus votos en San Pablo Extramuros, Roma, profesando obediencia al nuevo superior general, san Ignacio, y al papa Pablo III. 

La bula Regimini militantis Ecclesiae contiene como parte central la llamada «fórmula» de la Compañía que, en cinco capítulos, define los elementos esenciales de la nueva orden religiosa, la Compañía de Jesús, y cuyos miembros posteriormente se conocerá como «los jesuitas». La fórmula corresponde a lo que en las órdenes religiosas antiguas se llama la «regla» y que se puede distinguir de las Constituciones, las cuales son más largas, reglamentan con más detalles y son más variables en el tiempo. Dentro de la legislación de la Compañía la «Fórmula del Instituto» tiene la máxima autoridad y es de derecho pontificio, es decir, solo el papa puede cambiar algo de lo que dice la fórmula.

En sus votos en el Montmartre, los primeros siete compañeros —Ignacio de Loyola, Pedro Fabro, Francisco Javier, Simón Rodríguez, Diego Laínez, Alfonso Salmerón y Nicolás Bobadilla— hicieron voto de peregrinar a Jerusalén y de dedicarse al apostolado. Dadas las dificultades que había para viajar, añadieron una cláusula a este voto: si no les fuera posible ir a Jerusalén se pondrían en Roma a la disposición del papa. Pronto se agregaron tres compañeros más: Claudio Jayo, Pascacio Broët y Juan Codure. Al final de la primavera del 1537 en Venecia, los que no eran sacerdotes recibieron en la fiesta de san Juan Bautista la ordenación sacerdotal (fueron ordenados: Ignacio, Javier, Laínez, Codure, Bobadilla y Simón Rodríguez; Fabro, Broët y Jayo ya eran sacerdotes y Salmerón aun tuvo que esperar hasta septiembre para cumplir los 23 años, edad reglamentaria para poder ordenarse sacerdote). 

En noviembre del 1538, los diez compañeros se juntaron en Roma, donde habían llegado por diferentes caminos.  Una vez vencido el plazo establecido para viajar a Jerusalén, se pusieron a la disposición del papa para que los enviara a cualquier parte del mundo. En un primer instante, el papa les indicó que se quedaran en Roma, pero pronto comenzó a enviar a algunos de los primeros compañeros a otras partes. 

1

Frente a la posibilidad de ser completamente dispersados los primeros compañeros se dedicaron en la primavera del 1539 a hacer deliberaciones en común sobre su futuro como grupo. Muy pronto vieron con claridad que deberían permanecer unidos y la manera de mantener esta unión será fundar una nueva orden religiosa, haciendo voto de obediencia a uno de sus miembros como superior. Para que estas deliberaciones tuvieran algún efecto jurídico, debían elaborar un documento y presentarlo al papa. Este documento, dividido en 5 capítulos, se conoce como la «primera suma del instituto de la Compañía de Jesús» y es esencialmente idéntico a la parte central de la bula fundacional. El cardenal Gasparo Contarini leyó el documento el 3 de septiembre del 1539 en Tivoli al papa Pablo III, quien lo aprobó de viva voce. Según la tradición exclamó: «Aquí está el dedo de Dios».  El mismo día, el cardenal escribió a Ignacio para comunicarle la aprobación del documento y de la orden.² En el mismo encuentro, Pablo III ordenó que se entregue el documento al cardenal Jerónimo Ghinucci para la redacción de un breve o una bula que sería la aprobación escrita arriba mencionada —«fórmula de vida» de la Compañía de Jesús—. Parecía que todo estaba resuelto, pero hasta que la bula con la aprobación escrita viera la luz del mundo pasó más de un año. 

Dificultades de parto

Según el cardenal Contarini, todo parecía fácil, pero el cardenal Ghinucci tenía críticas muy serías a la fórmula del instituto; fue precisamente el segundo capítulo, que trata de la obediencia especial al papa por parte de la Compañía, el que más le molestó. Su argumento era que: «Esto es simplemente superfluo». Todos los cristianos, y mucho más los religiosos, están obligados a la obediencia al papa, ¿para qué un voto especial? El papa, al enterarse de las dificultades, propuso que el cardenal Giudiccioni podría arbitrar entre Contarini y Ghinucci. Pero resultó que Giudiccioni estaba aún más opuesto a la aprobación de la nueva orden que Ghinucci. Giudiccioni estaba convencido de que no hacían falta más congregaciones religiosas, es más, según él, ya existían demasiadas y, en consecuencia, había que reducir el número. 

Ignacio y sus compañeros aplicaron una doble estrategia para lograr la aprobación en esta crisis. Primero: oración, penitencia y sacrificio. Son famosas las 3,000 misas que prometió Ignacio en caso de la aprobación. Segundo, una estrategia que hoy llamaríamos «cabildeo» o lobbying. Ignacio y sus compañeros pidieron a muchos cardenales, nobles y gente respetada e importante intervenir a favor de la Compañía.³ La estrategia usada tuvo su efecto, los cardenales opuestos cedieron, pero con una condición que les ayudó a guardar la cara y sus reservas: en la bula se añadió una cláusula que limitó la cantidad de los miembros de la Compañía a 60.⁴ Con satisfacción de todos, Pablo III firmó la bula en el palacio de San Marco, Roma, el 27 de septiembre del 1540. 

2

Diez años más tarde, se actualizó el texto de la fórmula por medio de una nueva bula papal de Julio III, la cual lleva el nombre Exposcit debitum. Esta bula del 1550 da más precisión a varios puntos dudosos y quitó la limitación de los 60 miembros. A la hora de la muerte de san Ignacio, 1556, la Compañía contaba con unos mil miembros divididos en 12 provincias.

Podemos constatar que hay tres redacciones diferentes de la fórmula. La primera, escrita por los primeros compañeros y entregada por el cardinal Contarini al papa Pablo III (1539). La segunda, con varias enmiendas y correcciones de Pablo III, redactada por los cardinales y sus ayudantes, la conocida Regimini militantes ecclesiae (1540), y la tercera, la que se cita habitualmente como la redacción final y definitiva de la bula Exposcit debitum (1550), que integra nuevas correcciones y precisiones, que en su mayoría fueron sugeridas por san Ignacio y los compañeros, encabezados por Juan Polanco. Hay diferencias en las redacciones, pero el espíritu de la nueva orden está igual presente en las tres y de ahí podemos decir algo sobre las «marcas de identidad» que tiene la Compañía de Jesús desde su nacimiento. 

Características distintivas

¿Qué distingue esta nueva orden religiosa de las anteriores? ¿Cuál es la novedad? ¿Con cuáles señas de identidad nace la Compañía de Jesús? 

Es imposible enumerar todas las características de la orden religiosa que vio la luz del mundo en el 1540 después de un largo proceso gestación, por esto, solo queremos mencionar algunos elementos y conviene iniciar con lo que enuncia la propia fórmula: 

Cualquiera que en nuestra Compañía, que deseamos se distinga con el nombre de Jesús, quiera ser soldado para Dios bajo la bandera de la Cruz, y servir al solo Señor y (a la Iglesia su Esposa bajo) al Romano Pontífice, Vicario (de Cristo) en la tierra …⁶

Podemos distinguir en esta declaración cuatro elementos:

  • La nueva orden se entiende como un «compañía» en la cual se es «soldado para Dios».
  • Esta compañía se distingue con el nombre de Jesús.
  • El servicio es solo para el Señor y su vicario en la tierra, el Romano Pontífice.
  • El ser soldado se realiza «bajo la bandera de la cruz».

3

a) Imaginario militar para el servicio apostólico

La imagen militar que utiliza el texto se encuentra ya de alguna manera en el mismo título de la bula Regimini militantis ecclesiae, refiriéndose a la «Iglesia militante», que precisa de «trabajadores que se dedican de lleno a los diversos oficios pastorales».⁷ De los textos ignacianos este imaginario nos resulta familiar, está referido a la meditación sobre la «Llamada del Rey» en los Ejercicios Espirituales (EE 91-98). Ignacio habla de un rey que quiere «conquistar toda la tierra de infieles» y se aplica a Cristo que desea «de conquistar todo el mundo». Las imágenes recuerdan todo el ideal del «caballero cristiano» y de las cruzadas. La diferencia es que ahora no se trata de una batalla con armas para vencer a enemigos con la violencia, sino el objetivo es ganar el mundo con el anuncio del Evangelio. Las almas y los corazones no se «conquistan» con la violencia, sino con el amor. De alguna manera, parece que san Ignacio trasladó el entusiasmo medieval por las cruzadas a un nuevo entusiasmo por la propagación de la fe a través del servicio de la palabra, de los sacramentos y las obras de misericordia. 

b) El nombre de Jesús

Una característica de la Compañía es la devoción al nombre de Jesús. Con esto hay un enfoque especial en la humanidad de Cristo y en la encarnación. La mayor parte de los Ejercicios Espirituales son contemplaciones de la vida de Jesús. El deseo de Ignacio y de los primeros compañeros de ir a Tierra Santa corresponden a esta devoción. 

La confirmación del nombre de la nueva orden religiosa como «Compañía de Jesús» la recibe Ignacio en la visión de La Storta. Él mismo cuenta que durante mucho tiempo había pedido «de ser puesto con el Hijo». Finalmente, en una pequeña capilla cerca de Roma, tuvo una visión en la cual Dios Padre le puso con el Hijo que llevaba la cruz a cuestas. De ahí no pudo dudar más que el nombre del grupo de amigos debería ser «Compañía de Jesús».⁸ Entonces, el nombre Compañía no se refiere a una entidad militar, sino al ser «compañeros» de Jesús, «puestos con el Hijo». 

c) Servicio solo al Señor y el Romano Pontífice, vicario de Cristo en la tierra

Como los apóstoles fueron enviado por Jesús a anunciar la buena nueva, así los primeros compañeros son enviados al servicio apostólico por el vicario de Cristo, el papa. La expresión más tangible es el voto de «especial obediencia al Sumo Pontífice para cualquier misión» a la cual quisiera enviar a un sujeto de la Compañía de Jesús. 

Ya mencionamos que fue precisamente el voto especial —que tiene su origen en los primeros votos de los primeros compañeros en 1534 en el Montmartre— lo que provocó la protesta desde la propia cancillería del papa. La razón era que temían que este voto podría incluir el error de pensar que sin un voto especial no haría falta obedecer al Romano Pontífice. 

El texto de la bula precisa por esto —a diferencia del texto presentado por Ignacio— que «por la fe ortodoxa […] todos los fieles cristianos están sometidos al Romano Pontífice», pero «por mayor devoción», «mayor abnegación» y «una más cierta dirección del Espíritu Santo» se hará en la Compañía, además de los tres votos conocidos, un cuarto voto de obediencia al papa.

4

No solo se trata del voto de algunos, es decir de los profesos, sino de igual manera de los novicios, hermanos, escolares y coadjutores espirituales que no han hecho este voto especial. Ya que la obediencia y disponibilidad para las misiones que envía el papa es algo que afecta profundamente a toda la Compañía de Jesús. Podríamos decir que el voto de algunos es la expresión de la disponibilidad de todos. La fórmula dice que el jesuita debe estar dispuesto a ir: 

… a cualquiera región a que nos quieran enviar, aunque nos envíen a los turcos, o a cualesquiera otros infieles, incluso en las regiones que llaman Indias; o a cualesquiera herejes, cismáticos, o a los fieles cristianos que sea. […] Y después que, inspirados por el Señor, se hayan alistado en esta milicia de Jesucristo, deben estar preparados, día y noche, ceñida la cintura, para pagar esta deuda tan grande. (Fórmula II)

Ignacio llama este voto el «principio y principal fundamento» de la Compañía. ¿Cómo se puede entender esto, si por lo menos hoy en día estas misiones especiales del papa son algo que se da poquísimas veces? 

Creo que la respuesta es que el voto de obediencia al Romano Pontífice es lo que mejor expresa el carácter apostólico de la Compañía, que implica una disponibilidad universal y absoluta de la Compañía para servir donde más se necesita. Esta disponibilidad apostólica como elemento que estructura toda la vida religiosa es la novedad de la Compañía y su vocación especial. Por esto, todo lo demás en la Compañía se ordena según este fin apostólico; para acertar más donde se puede servir mejor se apuesta por la orientación del Romano Pontífice. 

Vemos cómo este fin apostólico que se realiza en el mundo concuerda con las ideas expresadas en el imaginario de las cruzadas y con la devoción a la humanidad de Cristo.

d) «debajo de la bandera de la cruz» 

Esta expresión no solo evoca la ya mencionada visión de La Storta, sino también la meditación central de la segunda semana de los Ejercicios Espirituales, «La meditación sobre dos banderas» (EE 136-147). Ignacio invita en este texto a meditar cómo Cristo «escoge tantas personas, apóstoles, discípulos, etc., y los envía por todo el mundo, esparciendo su sagrada doctrina por todos estados y condiciones de personas» (EE 145). De nuevo, tenemos clarísimamente expresado el fin apostólico que es universal. Por esto, los enviados no se dirigen a un grupo específico, sino son enviados a toda clase de personas, en todos los lugares. En el coloquio al final de la meditación, el ejercitante pide a María, a Cristo y a Dios Padre gracia «para que yo sea recibido debaxo de su bandera» (EE 147). La Compañía, como orden religiosa, no tiene otra misión que la que Cristo da en su sermón a los que llama bajo su bandera para anunciar en el mundo entero el evangelio. 

Quisiera advertir algunos elementos que me parecen importantes que se derivan de este ser llamado «bajo la bandera de Cristo que es la cruz».

    • La misión de la Compañía se realiza «bajo la bandera de la cruz», es decir, bajo la bandera del amor que va hasta la entrega de sí mismo. Solo desde ahí se pueden definir los medios correctos para el fin de esta misión. 
    • En la cruz de Cristo vemos estos medios, e Ignacio los explica en los Ejercicios Espirituales: «Pobreza contra Riqueza, Oprobrio contra Honor y Humildad contra Soberbia, y así en todo lo demás» (cf. EE 146).
    • Con esto queda claro que el estilo de la Compañía nunca debería ser triunfalista. La mayor gloria de Dios no está automáticamente en el mayor «éxito», sino en el más del amor. Por esto, la insistencia de Ignacio en la «mínima compañía».
    • Jerónimo Nadal, en una exhortación sobre la visión de La Storta que dio aún en vida de san Ignacio, explica que «es de notar que Cristo, que resucitando de los muertos ya no muere, en sus miembros hasta ahora y continuamente sufre la cruz». Con otras palabras, «estar puesto con Jesús bajo la cruz»¹⁰ significa estar juntos a los crucificados de hoy que son miembros del Cuerpo de Cristo.

5

Conclusión

Al reflexionar sobre el «cumpleaños» de la Compañía, optamos por tomar, como lo hace la tradición, el 27 de septiembre 1540 como fecha de nacimiento. Este día se aprobó por escrito la nueva orden con la bula Regimini militantis ecclesia, la cual contiene en su parte central la «fórmula» o «regla de vida» de la nueva orden religiosa. Vimos cómo la primera oración de esta fórmula contiene varios elementos claves para caracterizar a la Compañía.

La novedad esencial de la orden que nació hace casi 500 años es la centralidad y universalidad del fin apostólico. Todo lo demás tiene que orientarse hacia este fin. La universalidad tiene como consecuencia que la Compañía no se limita a un apostolado específico, como otras órdenes que se dedican, por ejemplo, a los enfermos, a la misión extranjera, a la educación, a los jóvenes, a los estudios, a migrantes u otras áreas. Lo específico de la Compañía no es algo «categorial», es más bien «trascendental» o, en lenguaje más ignaciano, es «un modo de proceder»; no está en «lo que» se hace, sino en el «cómo» se hace.

Orientando todo al fin apostólico en el mundo, el lugar de la Compañía es el mundo. En consecuencia, en la espiritualidad de la Compañía toca encontrar a Dios no en el monasterio, sino en el mundo; en lenguaje ignaciano hay que «buscar y hallar a Dios en todas las cosas».

Una consecuencia de la concentración en el apostolado es que para servir mejor toca buscar la excelencia, los medios más apropiados, la mejor formación, la entrega más completa. Esta buscada del «más» y «mejor» tiene que encontrar su equilibrio en la misión «debajo de la bandera de la cruz», que recuerda que el «más» en última instancia tiene que ser el «más» del amor y esto se encuentra habitualmente en lo más pobre, más humilde y pequeño. De otra forma el «más» podría expresarse fácilmente como el más grande, más poderoso y más rico. 

Entendemos que el nombre «Compañía de Jesús» expresa una gracia que recibió Ignacio para toda la Compañía. Es la gracia de estar puesto con Jesús, bajo su bandera, para ser enviado por Él. Este envío se realiza a través de la Iglesia, los superiores o el papa, cada uno representando de alguna manera a Cristo que envía.

Ser enviado significa «defender y enseñar» de muchas maneras el evangelio, las maneras privilegiadas de hacerlo se expresan hoy en las cuatro Preferencias Apostólicas. En las palabras de la fórmula se expresa diciendo que la Compañía es fundada sobre todo para «la defensa y propagación de la fe y al provecho de las almas […] por medio […] de ejercicios espirituales, y de la educación en el cristianismo de los niños e ignorantes […] para reconciliar a los desavenidos, socorrer misericordiosamente […] y a ejercitar todas las demás obras de caridad»¹¹

Junto con el «ser enviado», y en cierto sentido anterior a él, es el «ser puesto con Jesús». Jesús llamó a los discípulos para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar al mundo entero. En esto se ve reflejada la vocación de la Compañía. El evangelio de Marcos lo expresa cuando dice: «Jesús llamó a los que él quiso […] para que estuvieran con él y para enviarlos» (Mc 3,13s). Celebrando el aniversario de la Compañía pedimos de nuevo la gracia de estar puesto con Jesús, para vivir como Él, anunciar su evangelio y seguirlo en la pena y en la gloria.  

6

[I] El texto de la bula se encuentra en MHSI, tomo 63, pp 24-32.
[II] El texto de la Prima Societatis Iesu Instituti Summa y de la carta del Cardenal G. Contarini se encuentran ibd. pp 14-21 y 21-22.
[III] R. García-Villoslada, San Ignacio de Loyola, BAC, 1986, p 466, menciona sobre todo a Hércules II, duque de Ferrara y su hermano Cardenal Hipólito de Este, a súplicas del arzobispo de Siena y del cardenal de Ferreri se «reunieron las voces más altas e influentes del rey Juan iII de Portugal, Carlo V y de Franciso I de Francia». Un detalle que nos sorprende es que buscaron también el apoyo de Constanza, esposa del Conde de Santafiora. Constanza era hija de Pablo III que nació antes de este ser ordenado sacerdote. Cf. André Ravier, Ignacio de Loyola fundador de la Compañía de Jesús 5, III; ambos autores se apoyan en Tacchi Venturi, Storia della C. di Gesú, Roma 1922.
[IV] Cf. ibd. n. 11, p 31.
[V] Resulta imposible establecer el número exacto de los compañeros en este momento, de toda forma los profesos no llegaron a más de 40. Las 12 provincias eran: Etiopia, Germania inferior, Francia, India, Brasil, Portugal, Castilla, Bética, Aragón, Germania Superior, Italia y Sicilia. Las primeras cuatro eran muy frágiles, las otras ocho tenían estructuras más sólidas.
[Vl] Entre paréntesis está lo que añade la formula en la bula de Julio III al texto de la bula de Pablo III, la bula de Pablo III añade las palabras «Romano Pontífice» al texto primitive de los compañeros.[VI] El inicio de la bula reza en traducción al español: (Pablo, obispo, siervo de los siervos de Dios, para la perpetua memoria del hecho). «Al gobierno de la Iglesia militante, a pesar de nuestra falta de méritos, nos encargó el Señor, y por esto inclinamos nuestros esfuerzos a procurar la salvación de las almas, como nos obliga el deber del oficio pastoral». La bula continúa contando que el papa se enteró de unos 10 compañeros que estaban trabajando muy bien en este sentido y que vivían juntos según una «fórmula», que a continuación se explica y aprueba. Al final, después de la fórmula añade las habituales cláusulas legales e incluye la limitación a 60 profesos.
[VII] Cf. Autobiografía 96.

[VIII] Declarationes circa Missiones 1, en MHSI 63, p 162.
[IX] MHSI 66 (Fontes narrativi I), p 314, de una exhortación en España de 1554. Se encuentra muchas formulaciones parecidas de Nadal.
[X] Así el primer capítulo al inicio de la fórmula.  Las diferentes obras de la misericordia son más explicitadas en la bula de 1550, pero ya en la manera primitiva es evidente la relación con las tres primeras PAUs. La cuarta PAU sobre el cuidado de la casa común tiene una especial cercanía con la contemplación para alcanzar amor (EE 230-237) que enseña mirar la presencia y el obrar de Dios en toda la creación.

Martin Lenk, SJ

El P. Lenk nació en Alemania donde estudió teología, fue ordenado sacerdote en 1985 y ha trabajado en el ministerio pastoral y a nivel diocesano con el cardenal Lehmann. Después de su doctorado en teología en Frankfurt, fue a la República Dominicana y allí entró en el noviciado jesuita en 1999. Fue profesor, rector del juniorado-filosofado y luego rector del Instituto Filosófico Pedro Francisco Bonó. Actualmente es Provincial de la Provincia del Caribe y, desde 2019, director de Fe y Alegría Dominicana.