El Ignaciano / Diciembre 2025
Dilexi te: ontología de la Iglesia
Sixto García
Será un día (Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario) que ayudará a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio y en el hecho de que, tanto en cuanto Lázaro yazga a la puerta de nuestras casas (cf. Lucas 16: 19-21) no puede haber justicia o paz social. Este día representará una nueva forma de evangelización… (Francisco, Carta Apostólica Misericordia et Misera, noviembre 20, 2016).
El corazón de la Iglesia, por su propia naturaleza, es solidario con aquellos que son pobres, excluidos y marginados, con aquellos que son considerados un «descarte» de la sociedad (DT 111).
La Exhortación Apostólica Dilexi Te lleva la firma del papa León XIV.
Sin embargo, el mismo León apunta al hecho de que su predecesor, Francisco, había iniciado el proyecto de escribir la exhortación unos meses antes de su muerte. No podemos evitar ver un paralelo entre la encíclica Lumen Fidei, iniciada por Benedicto XVI y finalizada por Francisco. En todo caso, León XIV la hizo suya, le añadió sus propias perspectivas, luego Dilexi Te es el primero documento de su magisterio social.
El tema de este ensayo es demostrar la radicalidad de la Doctrina Social de la Iglesia, interpretada por León XIV, como definición íntima de la esencia de la Iglesia o, si se quiere, argumentar que el compromiso y el amor con y para los pobres no es una misión más de la Iglesia, es su esencia misma, o si puedo decirlo de modo más radical aún: una Iglesia que no tenga como ontología última, como realidad final de su ser, el compromiso con los pobres y la pobreza evangélica, no es Iglesia; en suma, no existe tal Iglesia.
El documento está dividido en un breve preámbulo y cinco capítulos:
PREÁMBULO: DT 1-3
«Te he amado» (Apocalipsis 3: 9 – La declaración del libro del Apocalipsis remite al misterio inextinguible que el Papa Francisco ha pronunciado en la encíclica Dilexit Nos sobre el amor divino y humano del Corazón de Cristo. En ella hemos admirado el modo en el que Jesús se identifica con los más pequeños de la sociedad… (DT 2).
El papa León sitúa su documento dentro de la Cristologìa del Sagrado Corazón que Francisco desarrolló en Dilexit nos… y ya nos deja sobre entender que Dilexit Te tiene un fundamento cristológico.
El texto continúa:
Por esta razón, en continuidad con la encíclica Dilexit Nos, el Papa Francisco estaba preparando, en los últimos meses de su vida, una exhortación apostólica sobre el cuidado de la Iglesia por los pobres y con los pobres, titulada Dilexit Te . . . Habiendo recibido como herencia este proyecto, me alegra hacerlo mío – añadiendo algunas reflexiones - y proponerlo al comienzo de mi pontificado, compartiendo el deseo de mi amado predecesor de que todos los cristianos puedan percibir la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres (DT 3).
Así, pues, tenemos a dos obispos de Roma, dos corazones que, cada uno con sus ritmos peculiares, palpitan con los pobres y la pobreza evangélica.
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CAPÍTULO PRIMERO: ALGUNAS PALABRAS INDISPENSABLES
Estoy convencido de que la opción preferencial por los pobres genera una renovación extraordinaria tanto en la Iglesia como en la sociedad, cuando somos capaces de librarnos de la autorreferencialidad y conseguimos escuchar su grito (DT 7).
La expresión «opción preferencial por los pobres», o sus análogos, se usa más de 5 veces (según se cuenten la diversidad de expresiones) en Dilexi Te, señalando así la expresión definitiva de lo que Karl Rahner ha llamado la Opción Fundamental que dirige, define y es fuerza motriz de nuestras vidas. En última instancia, nuestra opción vital por Jesús no es otra cosa sino una opción preferencial por los pobres…
Y fue también la opción de San Francisco de Asís: en el leproso fue Cristo mismo quien lo abrazó, cambiándole la vida. La figura luminosa del Poverello nunca dejará de inspirarnos.
León XIV invoca, en dos textos substanciales, al gran santo de Asís, cuya vida es un reflejo luminoso de la vida de Jesús, iluminando la historia de la Iglesia.
CAPÍTULO SEGUNDO: DIOS OPTA POR LOS POBRES (DT 16-34)
El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres (DT 17 - Cita de Francisco, Gaudete et Exsultate, 95).
La alusión al corazón de Dios es una obvia referencia a Dilexit Nos, de Francisco –Karl Rahner, apelando al testimonio bíblico, nos recuerda que el corazón, en las Escrituras, simboliza y comunica la persona total. Todo Dios, nos dice León, en su infinitud insondable, es un locus preferencial para el pobre.
El texto continúa:
Y la Iglesia, si quiere ser de Cristo, debe ser la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres, un lugar donde los pobres tienen un lugar privilegiado (DT 21 – cf. Santiago 2: 2-4).
Las Bienaventuranzas (cf. Mateo 5: 3-12) son la «Carta Constitucional» del Reino. Una Iglesia que vive la radicalidad de las palabras de Jesús en el Sermón del Monte, no puede ser la Iglesia que ignora a los pobres, que los desprecia; debe ser más bien la Iglesia que, en vez de tirarles mendrugos, camina, ella misma, pobre con los pobres, creando espacios donde el pobre se sienta acogido, entre hermanos y hermanas, no como un extraño e intruso: el pobre es el miembro privilegiado de la familia de la Iglesia.
No se puede amar a Dios sin extender el propio amor a los pobres (DT 26).
Karl Rahner, en su obra Amor a Dios y amor al prójimo (en inglés, dos obras integradas en una), insiste en la enseñanza de 1 Juan 4: 20: Si alguno dice «Amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso… El texto bíblico, repetidamente (no menos de 5 veces) apropiado por León, tiene su fundamento en el hecho pasmoso de la Encarnación: cada ser humano es imagen y semejanza de Dios: el odio al prójimo hiere de muerte nuestra intimidad con Dios, la hace imposible, y nos define como mentirosos.
CAPÍTULO TERCERO: UNA IGLESIA PARA LOS POBRES (DT 35-81)
¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres (DT 35 – Cita de Francisco, Encuentro con los representantes de los medios de comunicación, 16 de marzo, 2013).
La conocida expresión de Francisco retorna, una vez más, a la ontología de la Iglesia, en su expresión más definitoria: una Iglesia pobre, no habla de una Iglesia pobre por causa de condiciones históricas o por la opción de sus miembros; el sentido es brutalmente directo: si la Iglesia quiere ser Iglesia, y no una simple federación o comunidad social entre otras, tiene que ser una Iglesia pobre, y dinamizada hacia los… por definición, por esencia.
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El papa León nos invita a una peregrinación por los senderos caminados por la Iglesia en su compromiso con los pobres y la pobreza. Los Padres de la Iglesia tienen, en el Oriente griego, a San Juan Crisóstomo (Sermón 50 sobre el evangelio de San Mateo, sobre los adornos a la mesa del culto, por un lado, y el olvido del pobre que mere de hambre y padece frío a la puerta del templo, por el otro) y en el Occidente latino, a San Ambrosio (De Nabuthee, sobre el destino universal de los bienes de la tierra) y su discípulo, San Agustín (Enrrationes in Psalmos, 12: 53, sobre la correlación inviolable entre el amor a Dios y el amor al prójimo (DT 43-45), a Doctores y Maestros que definen los albores de la Doctrina Social de la Iglesia. León nos ofrece una definición precisa:
Se puede afirmar que la teología patrística fue práctica, apuntando a una Iglesia pobre y para los pobres (DT 48).
Para los Padres de la Iglesia, en efecto:
El rigor doctrinal sin misericordia es una palabra vacía (DT 48).
León nos toma de la mano como guía a través de la misión de las congregaciones hospitalarias que cuidan a los enfermos (DT 52), el compromiso de los monjes con los más pobres (DT 53-58), las órdenes fundadas para liberar cautivos (52-62)…
Todo esto converge en la revolución radical que definen a las órdenes mendicantes (DT 63-67: franciscanos (de nuevo se alza la figura definitoria de la pobreza cristiana, Francisco de Asís), dominicos, agustinos, carmelitas… León, indirectamente, apunta al hecho de que, en verdad, el siglo XIII fue el siglo más revolucionario de la Iglesia antigua. Aquí la Iglesia redescubre que:
La Iglesia sólo será plenamente esposa del Señor cuando sea también la hermana de los pobres (DT 58).
Thomas O-Meara (Thomas Aquinas, Theologian) nos narra el surgimiento de las órdenes mendicantes, la emergencia de las universidades, la economía de mercado, el crecimiento de las ciudades… en el centro definitorio de esta revolución, se sitúa el compromiso de franciscanos, dominicos, agustinos, con los pobres y con la pobreza de Jesús… cada uno expresando su carisma como pobres para los pobres… y brillando como cima de este resurgimiento, nos dice León.
San Francisco de Asís se convirtió en el icono de esta primavera espiritual (DT 64).
Las órdenes y congregaciones con misión educacional (S. José de Calasanz, St. Jean Baptiste de la Salle, otros muchos) guiaron la conciencia de sociedades europeas hacia la educación de los pobres.
Pero hay mucho más. Afirma el papa:
La experiencia de la migración acompaña la historia del Pueblo de Dios (DT 73).
Desde Abrahán:
Que parte sin saber adónde va (DT 73).
Pasando por Moisés y por toda la Historia de la Salvación, esta narrative culmina en Jesús, que vino a los suyos, y los suyos no le recibieron (Juan 1: 11). Culminando en la la demanda brutalmente radical de Jesús (Mateo 25: 31-46):
Estaba de paso, y me alojaron (DT 73).
Entre aquellos que han definido sus vidas en torno al dolor y a las agonías de los migrantes, se destacan Juan Bautista Scalabrini y Santa Francisca Javier Cabrini, patrona de los migrantes (DT 74).
Pero, en definitiva, Jesús nos invita a estar junto con, al lado del pobre. La Madre Teresa, entre otros, hicieron suya plenamente la miseria y el abandono de los más pobres de los pobres:
Por lo tanto, cuando la Iglesia se inclina hasta el suelo para cuidar de los pobres, asume su postura más elevada (DT 79).
Y allí encuentra una gran riqueza:
Los pobres son sujetos de una inteligencia específica, indispensable para la Iglesia y la humanidad (DT 82).
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CAPÍTULO CUARTO: UNA HISTORIA QUE CONTINÚA (DT 82-102)
Desde Rerum Novarum (León XIII) hasta Fratelli Tutti (Francisco), la Iglesia ha entretejido un complejo, inclusivo, radical y teológicamente profundo corpus de Doctrina Social (DT 82-89).
El Concilio Vaticano II, en su Constitución Gaudium et Spes (34, 71) afirma el destino universal de los bienes de la tierra. Fue el fulgor luminoso de la intervención del Cardenal Giacomo Lercaro, arzobispo de Bologna, el momento de la radicalidad propia del Concilio: en su alocución del 6 de diciembre de 1962, Lercaro proclamó:
El misterio de Cristo en la Iglesia es siempre, pero sobre todo hoy, el misterio de Cristo en los pobres… no se trata de un tema más, sino en cierto sentido es el único tema de todo el Vaticano II… Esta es la hora de los pobres, de los millones de pobres que están en toda la tierra, esta es la hora del misterio de la Iglesia, madre de los pobres, esta es la hora del misterio de Cristo sobe todo en los pobres (DT 84).
La intervención de Lercaro apunta a un reclamo, un grito de liberación, expresado desde antiguo (Francisco, Evangelii Gaudiumm 185): el imperativo de cambiar las estructuras de pobreza. El papa León apunta:
En la encíclica Dilexit Nos, el Papa Francisco ha recordado cómo el pecado social toma la forma de “estructura de pecado en la sociedad” (DT 93).
Y, por lo tanto, el imperativo radical es claro:
Debemos comprometernos cada vez más para resolver las causas estructurales de la pobreza (DT 94).
De particular importancia, e incluidas por primera vez en un documento del magisterio social de la Iglesia, las Conferencias del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (CELAM) nos regalan el muy repetido, muy radical y muy evangélico grito de la opción preferencial por los pobres (90-94). Reiterado en las Conferencias de Puebla, Santo Domingo y Aparecida, la opción por los pobres se vislumbra no como una opción más, sino –de nuevo, citando a Karl Rahner– la Opción Fundamental de la Iglesia, sin la cual no hay Evangelio y no hay Iglesia.
CAPÍTULO QUINTO: UN DESAFÍO PERMANENTE: 103-121
La parábola del Buen Samaritano se nos presenta como el paradigma de la entrega radical a los vulnerables (DT 105-107). León nos plantea la esencia de la fe cristiana:
Para nosotros, cristianos, la cuestión de los pobres conduce a lo esencial de nuestra fe (DT 110).
La razón es simple, y nos descubre la ontología de la Iglesia:
El corazón de la Iglesia, por su misma naturaleza, es solidario con aquellos que son pobres, excluidos y marginados, con aquellos que son considerados un «descarte» de la sociedad (DT 111).
La frase clave es: por su propia naturaleza. Nos evoca el naturaliter de Sto. Tomás, por razón de ser lo que es, por lo que es en sí mismo.
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León nos presenta la parábola del Buen Samaritano como paradigma de la respuesta cristiana hacia los pobres y vulnerables. Nos recuerda que, tristemente, como hicieron el sacerdote y el levita de la parábola ante el hombre gravemente herido a la vera del camino:
Nos acostumbramos a mirar para el costado, a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que estas nos golpean directamente (DT 105).
Pero, pregunta León:
¿Qué hizo el Buen Samaritano? (DT 106).
León responde:
La pregunta es urgente… como todos estamos muy concentrados en nuestras propias necesidades, ver a alguien sufriendo nos molesta, porque no perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos. Estos son síntomas de una sociedad enferma, porque busca construirse de espaldas al dolor… miremos el modelo del Buen Samaritano (cita de Francisco, Fratelli Tutti, 65-66). Las últimas palabras de la parábola evangélica «Ve, y procede tú de la misma manera» (Lucas 10: 37) son un mandamiento que un cristiano debe oír resonar cada día en su corazón (DT 107).
Las palabras de León, reivindicando la práctica de la limosna (DT 115-121) con complementarias, no contradictorias, del compromiso para erradicarlas causas estructurales de la pobreza:
Es evidente, para quien ama la verdad, que la limosna no exime de sus responsabilidades a las autoridades competentes, ni elimina el compromiso organizado de las instituciones, y mucho menos sustituye la lucha legitima por la justicia.
Aquí León nos llama a reconocer la dimensión personalista de la justicia social:
Sin embargo, invita al menos a detenerse y a mirar al pobre cara a cara, a tocarle y a compartir con él algo de lo suyo.
León encuentra apoyo en la Escritura y en los Padres de la Iglesia (de nuevo, recurre a San Juan Crisóstomo, el proponente más preclaro de la justicia social en la Patrística griega).
León continúa:
Necesitamos practicar la limosna para tocar la carne sufriente de los pobres (DT119).
Es obvio, a la luz del texto total de Dilexi Te, que la limosna, que nos hace tocar directamente el sufrimiento del pobre, que nos conmina a mirarlo cara a cara, vista desde este perspectiva, no solamente no contradice, sino que estimula el compromiso para deshacer las causas estructurales de la pobreza:
Permanecer en el mundo de las ideas y las discusiones, sin gestos personales, asiduos y sinceros, sería la perdición de nuestros sueños más preciados (DT 119).
Pero León se apresura a esclarecer su afirmación:
No será la solución a la pobreza mundial, que hay que buscar con inteligencia, tenacidad y compromiso social…(DT 119).
Y sin embargo:
El amor es ante todo un modo de concebir la vida, un modo de vivirla (DT 119).
CONCLUSIÓN
Podemos hacer nuestras, a guisa de Conclusión, las mismas palabras de León:
Por su naturaleza, el amor cristiano es profético, hace milagros, no tiene límites, es para lo imposible (DT 120).
Por su naturaleza - De nuevo, ¡naturaliter! Por su propia esencia, por ser lo que es, en su definición más íntima, el amor cristiano siempre se define y expresa como radicalidad profética, como capaz de hacer milagros, de traspasar los límites que falsamente le imponemos… ¡de lograr lo imposible!
Luego, Dilexi Se se nos revela como una ontología de la misma Iglesia: sin el amor a los pobres, sin la resolución de eliminar las causas estructurales de la pobreza, sin mirar la cara del pobre y hacer nuestra su carne sufriente… sin esto, no solamente es infiel la Iglesia a su misión… implemente, no hay Iglesia.
Por lo tanto, esta ontología de la Iglesia es fundamentalmente Cristocéntrica: Jesús el Cristo, el Mesías pobre, rechazado, descartado… es Aquel que nos ama con un amor que, por su naturaleza, hace milagros y puede lo imposible –el Amor pascual del Crucificado y Resucitado, que nos mira, nos reta y nos lanza su reto radical desde la faz de los pobres.
Sixto García es Doctor en Teología Sistemática y Nuevo Testamento. Al presente, es profesor jubilado de «St. Vincent de Paul Regional Seminary», donde permanece como Senior Lecturer, y profesor de la «Escuela Diocesana de Formación» de la diócesis de Palm Beach. Editor Emérito y asiduo colaborador de El Ignaciano, recibió en junio de 2023 el «Virgilio Elizondo Award» 2023.
