Editor´s Note: This article is the second half of a two-part work written in collaboration by, Carlos Bussot, Mario Ariet and Helio J. Gonzalez. It is a well-articulated effort to present a coherent vision of reality which integrates the scientific and the theological discourses. Obviously, science is an independent discipline with its own methodology and ends and so is theology. This article does not pretend to blur the differences or to subordinate one to the other. Its object is to achieve a view that, in the concrete order of life, allows the reader to develop a personal spirituality illuminated, indeed enlightened, by what is best of both disciplines.

La Complejidad-Conciencia como eje de la Evolución

Por Helio González*, Carlos Bussot*, Mario Ariet*.

Introducción

En la primera parte del trabajo publicado en el Ignaciano, “Fuego, Complejidad … y La Trinidad”, el capítulo “Evolución hacia la Complejidad” es decisivo, pues demuestra como desde el momento inicial, la Tela del Universo se ha tejido de acuerdo a un patrón de complejidad, desde el “átomo primigenio” como le llamó el P. Georges Lemaitre hasta hoy. Nosotros y muchos cristianos de nuestra generación siempre hemos sentido una gran inquietud entre la realidad física que describe la Ciencia y nuestra Fe. La obra del P. Pierre Teilhard de Chardin S.J. ha cumplido un papel crucial en mostrar la convergencia entre ambas. Hombres como el P. Lemaitre y el P. Teilhard nos permiten desde la perspectiva del creyente abrirnos sin ningún temor a esa frontera que para muchos ha parecido siempre irreconciliable de la Ciencia y de la Fe.

Las ideas del P. Teilhard plasmadas en sus libros, artículos, cartas, conferencias, trabajos de investigación eran verdaderamente de avanzada, muy adelantadas para la época que le tocó vivir; las consecuencias filosóficas y religiosas de sus investigaciones científicas rompían con posiciones estáticas del pensamiento religioso de su tiempo, al punto de que su obra pudo ser publicada sólo después de su muerte.

Pierre Teilhard de Chardin nació el 1ro de mayo de 1881, en la región de Auvernia, en Francia, en el seno de una familia cristiana. Desde joven sintió un gran interés por todo lo referente al mundo de los minerales. Aquello anunciaba la vocación del gran geólogo que llegó a ser. Al mismo tiempo, su vocación sacerdotal lo hace entrar a la Compañía de Jesús en 1899.

Teilhard complementa a Lemaitre en esta historia. Desde el punto de vista científico, Teilhard fue un geólogo, paleontólogo y antropólogo que dedicó su vida al estudio de los fósiles, pero cuyo pensamiento evolutivo iba mucho más allá, su condición de sacerdote de profunda espiritualidad dio lugar a una simbiosis, en la que la ciencia nos lleva a vislumbrar una filosofía y aún más, una teología, apoyada por un experimentado pensador de la ciencia. El pensamiento teilhardiano es por lo tanto un extraordinario esfuerzo para compatibilizar ciencia y religión en una única verdad.

La ley de Complejidad-Conciencia y la aparición del Hombre

En este Universo espectacular y hostil, ¿dónde se encontraría el laboratorio natural, para que a partir del hidrógeno primordial pudiera fabricarse la serie de los átomos? En las estrellas, es la respuesta, pero con la limitación de no ir más allá. Serían entonces los planetas donde el proceso de formación molecular podría realizarse. Pero las probabilidades de ocurrir serían ínfimas. En “El Porvenir del Hombre” Teilhard nos lo explica: “Confieso que nos quedamos anonadados ante la extrañeza y la improbabilidad de que haya astros semejantes al que nos sostiene. Pero, ¿no nos muestra la experiencia cotidiana que, en todos los órdenes y en todos los niveles las cosas no se logran en la naturaleza más que a costa de un derroche y de un azar loco? Una reunión de azares escandalosamente frágil preside regularmente el nacimiento de los seres más preciosos y de los más esenciales. Inclinémonos ante esta ley universal, en la que, tan extrañamente para nuestras mentes, se mezcla y se confunde con la finalidad el juego de los grandes números (1)."

En El Fenómeno Humano, Teilhard nos los expresa con estas palabras: ¨Observada en su parte central, que es la más clara, la Evolución de la Materia se concreta, conforme a las teorías actuales, en la edificación gradual por creciente complicación, de los diversos elementos reconocidos por la Física-Química…. Ni uno solo de los términos de esta larga serie puede dejar de ser considerado, de acuerdo con excelentes pruebas experimentales, como un compuesto de núcleos y de electrones. Este descubrimiento fundamental de que todos los cuerpos derivan por ordenación de un solo tipo inicial corpuscular viene a ser como el rayo que ilumina ante nuestros ojos la historia del Universo. A su manera, la Materia obedece desde el origen, a la gran ley biológica (sobre la cual deberemos insistir constantemente) de "complejificación" (2).

Hoy tenemos que ver entonces a la evolución no como un concepto aplicable sólo a los seres vivos, sino como un concepto universal aplicable a todo lo que forma parte del mundo real, la materia, la vida, el hombre. En este movimiento complejo, tenemos entonces que reconocer una génesis del mundo, una cosmogénesis, es decir, la evolución no es una hipótesis limitada que nos permite explicar solamente la sucesión de las especies, es un fenómeno aplicable a todo un universo en vías de organización y despliegue.

Este fenómeno actúa entonces de forma tal que cada una de las etapas, de lo inanimado a lo celular, de lo celular a la vida, y de la vida al ser humano, ocurre en etapas de síntesis que al llegar a determinado umbral de complejidad da un salto a ese mundo nuevo, célula, ser vivo, ser humano.

Nos lo explica el Profesor Claude Cuenot en su libro Teilhard de Chardin: “Esta cosmogénesis, en su deriva profunda, no es un movimiento periódico, sino un movimiento de convergencia, pues los objetos y los seres tienen tendencia a agruparse en conjuntos cada vez más complicados y ligados y esta complicación está caracterizada por un parámetro especial, pues cuanto más aumenta la complejidad, es decir, cuanto mayor progreso hay en la coordinación y en la centración, tanto más aparece la conciencia en su interior. Los grandes conjuntos constituyen sistemas cerrados, relativamente independientes del exterior y, al propio tiempo, focos de indeterminación y de espontaneidad y, por consiguiente, de libertad. Esta es la ley de complejidad-conciencia.(3)

Esta ley que deberíamos llamar Ley de Teilhard, nos permite comprender entonces toda esta historia desde el origen del Universo hasta el Hombre, y en el caso de la evolución biológica “el cómo de la evolución”, que complementa a la ley de la selección natural y al factor de las mutaciones, (o sea las modificaciones bruscas del material hereditario), pero va mucho más allá.

Para poder dar una explicación coherente a este desarrollo, Teilhard analiza un fenómeno que él llama, el interior de las cosas, o el interior de la materia cósmica. Dice el célebre neurofisiólogo francés Dr. Paul Chauchard en su obra El Ser Humano, que el descubrimiento más importante de Teilhard es que puesto que "en el fondo de nosotros mismos, sin discusión posible, aparece un interior", es necesario concluir de ello no que el hombre es una excepción y que esta interioridad no concierne a la ciencia, sino que "es suficiente para que en un grado o en otro, este interior se imponga como existente en todas partes y desde siempre en la naturaleza". Ya que, en un punto de sí misma, la tela del universo posee una cara interna, forzosamente tiene que ser de doble cara por estructura; es decir en toda región del espacio y del tiempo, coexistente con su exterior, existe un interior de las cosas.

Siguiendo este hilo conductor, el nacimiento de la vida consiste una vez más, en un incremento del carácter sintético de la materia, en un salto a una esfera superior de complejidad. Y esta mayor complejidad exterior corresponde a su vez a un grado superior de interioridad. Esta extraordinaria complejidad de la vida, no hace más que manifestar con más evidencia una deriva general de la materia hacia elevados grados de complejidad que parecen desafiar las leyes del azar. Por una parte, la caída hacia lo probable, por otra la ascensión hacia lo improbable.

Aquí es donde se plantea la importante cuestión del ascenso de los seres vivos. Aunque se dé en realidad la lucha por la existencia, la selección natural y la repentina aparición de mutaciones, no bastan para explicar la evolución superior de la vida. La evolución opera según una orientación determinada. Avanza en la dirección de un eje privilegiado. Se manifiesta una línea clara del progreso. Y en esta evolución hacia arriba se da una nota y medida común del progreso: el sistema nervioso y el cerebro. Vemos como se cumple siempre y cada vez en mayor medida la ley de complejidad-conciencia.

Claude Tresmontant el famoso filósofo, helenista y teólogo francés, en su libro Introducción al pensamiento de Teilhard de Chardin escribe: “¿Cuál es el órgano especialmente conectado con el desarrollo psíquico del ser? Es sin duda el sistema nervioso. Este es el parámetro del que teníamos necesidad para elucidar, en la diversidad inextricable de las variaciones secundarias, el sentido de la evolución biológica.” (4).

“…De ahí esta primera conclusión de que, si en el Árbol de la Vida los Mamíferos constituyen una Rama maestra, la Rama maestra, los Primates, es decir, los cerebromanuales, son la flecha de esta Rama, y los Antropoides el mismo brote en que termina esta flecha». Añadiremos ahora que desde entonces es fácil decidir en qué punto de la Biosfera deben detenerse nuestros ojos en espera de lo que tiene que llegar. Por todas partes, según sabíamos ya, las líneas filéticas activas, en su cima, se iban calentando de conciencia. Sin embargo, en una región muy determinada, en el centro de los Mamíferos, allí en donde se forman los más poderosos cerebros jamás construidos, estas líneas se ponen al rojo. E incluso en el corazón de esta zona se alumbra ya un punto de incandescencia… No perdamos de vista ahora esta línea que se empurpura de aurora…Después de haber ascendido durante millares de años por el horizonte sobre un punto estrictamente localizado, una llama va a brotar…¡El pensamiento está ahí!”(5)

Josef Vital Kopp, en Origen y Futuro del Hombre nos presenta la visión de Teilhard, de una forma simple y también cargada de poesía, veámoslo: ¨Así pues, al final del terciario y durante cientos de millones de años la temperatura síquica en el árbol de la vida se había venido elevando. Los sistemas nerviosos se habían ido concentrando y complicando cada vez más. Para dar a entender esto de alguna manera Teilhard se sirve de una imagen: a 99 grados el agua es todavía agua, a 100 grados se pone a hervir. Se trastorna completamente el equilibrio interior. Sucede un nuevo estado, un agregado en forma de vapor. Al igual que la aparición de la vida, la aparición del hombre no se efectuó paulatinamente. Es el repentino e irreiterable salto que franquea un umbral entre dos generaciones, una especie de mutación a una nueva naturaleza.

El hombre es obra de la naturaleza entera. La tierra entera, forcejeando hacia delante, ha trabajado en ella y con miras a ella. Es el resultado de un esfuerzo total de la vida. Por eso el hombre no es sólo una nueva rama en el árbol de la vida. No es un añadido casual, que como cualquier otra especie animal hubiera podido faltar. El hombre es la cima a la que tiende desde el principio todo el tantear de esta Tierra. El hombre es por consiguiente la flor de la evolución, a la que se tendía desde un principio y que se preparó lenta y consecuentemente durante miles de millones de años."(6)

El Punto Omega

En lo concerniente a concepciones cuya relación con la ciencia es menos directa, el pensamiento teilhardiano siempre vio al ser humano en un proceso de caminar hacia el amor por la Tierra y por la Humanidad. Y esa fe en el hombre conduce su mirada hacia Dios. Tratemos ahora de explicar cada una de estas formulaciones, para completar esta estructura de pensamiento, profundamente filosófico además de religioso, de la mano de un científico que supo darles sentido a través de su rigurosa visión de biólogo, de geólogo, de paleontólogo y de antropólogo.

Siendo sacerdote, vio sin embargo la importancia de las ciencias, y de la investigación científica en un grado superior a la mayoría de los pensadores de su tiempo. Nunca vio que la ciencia pudiera acabar con la religión, todo lo contrario, ciencia y religión darían la unidad que la humanidad necesita.

Teilhard quiso, ciertamente, elaborar una síntesis. Pero, ante todo, quiso también decir lo que había “visto”, “expresar ideas ardientes”. Unas ideas que han influido en tantos espíritus sensibles provenientes de diversas culturas y animados por convicciones diferentes.

De manera simplista podríamos pensar que la evolución habría terminado con el Hombre, pero no es así, la evolución continúa, no a través de la morfología, sino a través del pensamiento. Del individuo a la tribu, a la comunidad primitiva, a la región, al país, al mundo, a la unión a través de comunidades religiosas, científicas, políticas, raciales. Al mundo que se hace “aldea global”, al universo que se conquista, a los seres que buscamos en otros planetas o galaxias, en fin, a una comunidad humana, que a la vez que formada por individuos con intereses contrapuestos, al mismo tiempo se une para defender intereses comunes. Pero la visión del biólogo nos explica este fenómeno más allá de la visión del sociólogo, o del filósofo. Es la Evolución, la que, a través del paso de la reflexión, hace que el Hombre se totalice, se prolongue a escala planetaria, formando así la red y la conciencia de una Noosfera(1). Todavía sin embargo estamos en una etapa juvenil. El Hombre encontrará su madurez en la asociación, en la unión. Es su decursar hacia lo Ultrahumano.

Para Teilhard el ascenso del Hombre, que es el ascenso del Espíritu es un fenómeno irreversible. Recordemos que esta manifestación universal de la evolución en pasos de síntesis, el paso de lo inorgánico a los orgánico, de lo orgánico a lo prevital, de lo prevital a lo vital, y de lo vital al hombre, no tiene marcha atrás, es una ley que afirma que cada vez que se llega a una nueva cima de complejidad- conciencia, no hay marcha atrás, el Mundo no vuelve a descender. Por lo que una vez que aparece la vida en la materia, el Cosmos no puede desvitalizarse, una vez que aparece el pensamiento, éste puede avanzar, pero no retroceder. Todo lo contrario, esta irreversibilidad afecta al foco más profundo y precioso de nuestra conciencia, cuyo límite hacia arriba se da en términos de ultra-personalización.

Otra de las grandes lecciones de la obra de Teilhard es la forma en que nos muestra la Convergencia de la Evolución. Hay que leer su obra para abordar este otro tema apasionante, en la que vemos como la Evolución converge en lo alto, atraída hacia una cima de personalización y de unificación.

Por lo que Teilhard ya nos afirmaba al final de su vida, alcanzando una convicción certera de este fenómeno, que el Universo no sólo está en un estado de evolución permanente, sino aún más de una evolución dirigida. Una Evolución en que la materia se mueve como Pensamiento; por lo tanto y a pesar de que descubrimos todo el fenómeno a través de la historia del pasado del Universo, es en el porvenir, en el término donde se le encuentra su total sentido. Llega entonces Teilhard a la convicción de un centro evolutivo, debido a la convergencia del pensamiento, de una convergencia psíquica de la evolución, al que él llamó Punto Omega.

La ley de complejidad-conciencia, motor que nos ha llevado a todas estas conclusiones, es casi universalmente aceptada por la comunidad científica, sin embargo, muchos científicos que siguen a Teilhard en ello, para explicar la convergencia de la Evolución y al Hombre, no aceptan esta visión, acerca del Punto Omega. Teilhard más que un científico, un profeta, nos lleva inexorablemente a describirnos esta maravillosa Visión, que por cierto es totalmente opuesta a la desesperación. Es una visión (y nos adentramos ahora en una filosofía) que nos devuelve totalmente la Esperanza

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El Medio Divino

En 1927, Teilhard escribe El Medio Divino, una obra en que de manera muy especial describe su espiritualidad, del mismo modo en que en El Fenómeno Humano describía su credo. En El Medio Divino, Teilhard nos presenta una forma de espiritualidad en la que el trabajo, la ciencia, la técnica y el arte pueden ocupar su lugar dentro de una concepción cristiana de la vida. Recuerden que para Teilhard el amor a la Tierra nos conduce al amor a Dios y a Cristo. No hay una dicotomía en ello, son como dos variables de una misma ecuación, en las que sus infinitas soluciones nos llevan siempre al lecho de un Universo que deja de ser hostil para conducirnos al mismo Dios, al que podemos ver entonces en todo el tantear de esta Tierra.

La profesora Ursula King nos plantea lo siguiente al abordar este tema en su obra Teilhard de Chardin-Escritos Esenciales: “Medio Divino” es una expresión que trata de captar el significado de dos experiencias diferentes. Por un lado, designa todo un entorno, como la atmósfera que nos rodea y el aire que respiramos. Por otro lado, significa también y al mismo tiempo, un punto central, un centro donde todas las realidades se unen, se encuentran y convergen. La presencia divina en el mundo es este “medio” misterioso que irradia a través de todos los niveles del universo, a través de la materia, la vida, la experiencia humana. Nosotros estamos inmersos en este medio, bañados en él. Si se lo permitimos, puede invadir todo nuestro ser y transformarnos. Teilhard lo llamó también “medio místico”, un “océano divino” en el que nuestra alma puede ser inflamada y divinizada. Todas las realidades, todas las experiencias, todas nuestras actividades, todas nuestras alegrías y sufrimientos, tienen este potencial de divinización, de verse encendidas por la efusión del amor divino”. (7)

Como han podido apreciar al avanzar en la lectura de este trabajo sobre la obra de Teilhard de Chardin, a pesar de tratar de exponerlo con sencillez, como un acercamiento a su pensamiento, son tantas las cosas nuevas y originales que aparecen ante nuestra mirada, que muchas veces son difíciles de entender, y tenemos que releerlas, sumergirnos en esta obra decisiva y apasionante. Hoy día es difícil encontrar todos los libros de Teilhard, sin embargo, todavía se consiguen muchos, y también de otros autores que nos pueden ayudar en ello. De todas formas, es evidente que la obra de Teilhard, armada a través de la concepción de un científico eminente, se trasluce en la mirada de un cristiano ejemplar, como lo fue él, y al que el Señor le bendijo con un partir hacia la vida eterna, el día que él siempre había anhelado, el de la Pascua de Resurrección de Cristo (en el año 1955).

El pensamiento de Teilhard va mucho más allá, pues ese amor que nos infunde sobre la Tierra, y el Universo, esa convergencia que descubre en el fenómeno evolutivo y que culmina en el Punto Omega, no sólo es un fin, consecuencia de un modelo evolutivo, que desemboca en un pensamiento filosófico, sino que modela el pensamiento cristiano, ya que podemos descubrir al C≠risto Total en que convergen todas las cosas. Podemos realmente, con ello, convertirnos en verdaderos luchadores por un mundo mejor, por una humanidad solidaria, porque en Cristo el amor se hace Persona y hacia Él convergemos todos.

Dentro de la profundidad del pensamiento teilhardiano, veamos este hermoso fragmento de “El Medio Divino” sobre la Eucaristía: “Al contacto eucarístico reaccionaré, pues, mediante el esfuerzo entero de mi vida, de mi vida de hoy y de mi vida de mañana, de mi vida individual y de mi vida aliada a todas las demás vidas. En mí, periódicamente podrán desvanecerse la santas Especies. Cada vez me dejarán un poco más profundamente hundido en las capas de tu Omnipresencia: viviendo y muriendo, en ningún momento dejaré de avanzar en Ti. Por tanto, se justifica con un vigor y un rigor insospechado el precepto implícito de tu Iglesia de que es preciso siempre y en todas partes comulgar. La Eucaristía debe invadir mi vida. Mi vida debe hacerse, gracias al Sacramento, un contacto contigo sin límite y sin fin”. (8)

Estar al servicio de Cristo, es estar al servicio del Mundo. El mandamiento del amor, se hace persona en Jesucristo, y a través del pensamiento de Teilhard de Chardin, podemos encontrarlo en toda la creación, como centro de Unión de este Ser Humano, que lo cuestiona todo, y que tantas veces le hace la guerra a la misma Creación, pero que, a través del amor, es capaz también de hacerla más bella y fuerte, caminando hacia su culminación en Cristo, Dios y Rey del Universo.

Teilhard en el mundo de hoy

Para terminar, presentamos dos síntesis del pensamiento teilhardiano, la primera del P. Antonio Spadaro S.J., director de la Civilta Cattolica, en su ensayo sobre Teilhard del 18 de abril de 2017, titulado El Sacerdote y la Maduración Universal: “No es fácil sintetizar el pensamiento de Teilhard. Él habla de la historia del mundo en los términos del desarrollo de un único plan que, partiendo de la creación, se dirige hacia el Punto Omega, el fin de la historia, indicado por Cristo resucitado, y de ese modo nos acompaña para ver la sucesión de las distintas etapas de la historia de nuestro planeta: está la formación de la litosfera, del núcleo de la Tierra aún sin vida; después, en torno a ella evoluciona la sutil pero dinámica película de la biosfera, vegetal y animal; más tarde, con la hominización y la llegada de la especie humana, tenemos un nuevo estrato, frágil y sutil, en el que se desarrolla el pensamiento: es la noosfera, la esfera del conocimiento. Comentando el pensamiento de Teilhard, el cardenal Christoph Schönborn ha descrito este desarrollo como «un inmenso movimiento ascendente hacia una complejidad e interioridad cada vez más elevada de la materia a la vida y hasta el espíritu» …. El movimiento ascendente solo se completa cuando llega a la cúspide, con la aparición de Cristo. Él, prosigue el cardenal, «se torna en el centro visible de la evolución, en su polo y su fin: en el “punto omega” …. Por tanto, según Teilhard, Cristo se torna en «la energía misma del cosmos». Con su resurrección, Él, liberado de toda restricción de su poder y de la eficacia de su acción, está en condiciones de guiar el desarrollo cósmico hacia la parusía”. (9)

La segunda, del P. Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Papal desde 1980, bajo el papa Juan Pablo II, el papa Benedicto XVI y el papa Francisco, en su primer sermón de Adviento, el 15 de diciembre de 2017, Cristo y la Creación:  “Utilizando su conocimiento científico indiscutible, Teilhard de Chardin ve un paralelo entre la evolución del mundo (cosmogénesis) y la formación progresiva del Cristo total (cristogénesis). Cristo no solo no es ajeno a la evolución del cosmos, sino que misteriosamente lo guía desde adentro, y en el momento de la Parusía constituirá su cumplimiento y transformación final, el "Punto Omega" como lo llama Teilhard. De estas premisas deduce una visión positiva completamente nueva de la relación entre el cristianismo y la realidad terrenal. Por primera vez en la historia del pensamiento cristiano, un creyente compone un "Himno a la materia" y un “Himno del Universo”. Un estallido de optimismo se extendió por un vasto sector del cristianismo hasta el punto de hacer sentir su influencia en un documento del Concilio Vaticano II, la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo moderno (Gaudium et spes). Es una reevaluación de las actividades terrenales y, en primer lugar, del trabajo humano. Las obras que un cristiano hace tienen valor en sí mismas para mejorar el mundo y no simplemente por la piadosa intención con la que un cristiano las hace”. (10)

Notas y bibliografía:

  • (1) El Porvenir del Hombre – Teilhard de Chardin, Taurus Ediciones S.A. (1965)
  • (2) El Fenómeno Humano – Teilhard de Chardin, Ediciones Taurus, Madrid, (1965)
  • (3) Teilhard de Chardin --- Claude Cuenot – Taurus Ediciones (1967)
  • (4) Introducción al Pensamiento de Teilhard de Chardin – Claude Tresmontant - Cuadernos Taurus (1968)
  • (5) El Fenómeno Humano – Teilhard de Chardin, Ediciones Taurus, Madrid, (1965)
  • (6) Origen y futuro del Hombre --- Josef Vital Kopp, Editorial Herder, (1965)
  • (7) Pierre Teilhard de Chardin-Escritos Esenciales --- Ursula King, Editorial Sal Terrae, 2001
  • (8) El Medio Divino - Teilhard de Chardin, 8va reimpresión, Alianza Editorial-Taurus Ediciones, Madrid 1998
  • (9) El Sacerdote y la Maduración Universal – P. Antonio Spadaro S.J., La Civilta  Cattolica – 18 abril 2017
  • (10) Cristo y la Creación – P. Raniero Cantalamessa O.F.M.Cap, Homilía Adviento – 15 diciembre 2017

Bibliografía adicional:

  • Teilhard de Chardin: una visión cristiana para el hombre de hoy-Ensayo – Helio J. Gonzalez, (2016)

Nota:

  1. Noosfera- de noos, espíritu: esfera terrestre de la sustancia pensante. “Ampliemos nuestros puntos de vista para considerar la formación actual, ante nuestros ojos, en favor de los factores hominizantes, como una entidad biológica especial, tal como jamás antes existió sobre la Tierra -aludo a la formación, a partir de y por encima de la Biosfera, de una envoltura planetaria más, la envoltura de sustancia pensante a la que, por comodidad y simetría, he dado el nombre de Noosfera”. El Porvenir del Hombre – Teilhard de Chardin – pag 193 – Taurus, 1965.

*Carlos Bussot, Ph.D.

Professor Emeritus, Founder of the Chemical Engineering Department, University of South Florida. Nationally accredited 1973. Chair of Chemical and Mechanical Engineering Department. 1970-1982.

Mario Ariet, Ph.D.

Professor Emeritus, University of Florida School of Medicine Cardiology Department.  Specialized in Computer Technology at the service of Electrocardiographic Analysis   Technology.

Helio Gonzalez. M.S.

CSC Miami Teleport Manager, Corporate Satellite Communications of Florida.
Telecommunication Engineer. Principal Engineer, Advisor in Satellite Communications at Emtelcuba Enterprise, and ETECSA (Cuban Telecommunication Company).
Advisor in Earth Station Antennas at EIC (Cuban Industrial Enterprise).
Instructor Graduate Courses in Satellite Communications and other topics for the engineers of ETECSA. University of Havana, Cuba.

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