El Ignaciano / Diciembre 2025

«La paradura del Niño»

Enrique Rodríguez

La piedad popular remite a la Encarnación como fundamento de la fe cristiana, que se manifiesta siempre en la cultura, la historia y los lenguajes de un pueblo… la práctica de la piedad popular atrae e involucra también a personas que están en el umbral de la fe, que no son practicantes asiduos y, sin embargo, descubren en ella la experiencia de las propias raíces y afectos, junto con los valores e ideales que consideran útiles para la propia vida y la sociedad… La piedad popular revela la presencia de Dios en la carne viva de la historia, fortalece la relación con la Iglesia y a menudo se transforma en ocasión de encuentro, de intercambio cultural y de fiesta… tiene, por tanto, una fuerza evangelizadora.
 Papa Francisco

Algunos pueblos de la región andina de Venezuela, muy apegada a sus tradiciones, realizan desde el 1 de enero hasta el 2 de febrero -fiesta de la Candelaria- «La paradura del Niño», también conocida como «el robo y búsqueda del Niño» según las distintas variantes de esta tradición. Es la celebración de que «el Niño Jesús ya puede pararse».

Una versión de esa práctica consiste en una fiesta compartida en comunidad o en familia, en la cual el Niño Jesús es levantado del pesebre y se reza un rosario en su nombre, que tradicionalmente marca el fin de la Navidad en el hogar donde es realizada. Las paraduras más tradicionales son las llamadas paraduras cantadas, donde el acto se extiende con cantos y versos entonados por grupos musicales y se da un pequeño paseo al niño en el área alrededor del hogar donde se está realizando; además, al final del evento, los anfitriones sirven golosinas y bebidas tradicionales de las fiestas navideñas.

En otra variación, se simula la desaparición de la imagen del Niño Jesús del pesebre, para luego buscarla y retornarla a su lugar de origen. Una persona «hurta» la imagen del Niño del nacimiento de una casa de familia, y tres días después le notifica verbalmente o por escrito al dueño de la casa lo sucedido. Este debe responderle a través de una carta, fijando la fecha y los detalles de la ceremonia de devolución, en la que participan la familia y sus vecinos.

Se suele organizar un cortejo integrado por niños y niñas vestidos de la Virgen María, san José, los Reyes Magos, pastores y ángeles, a quienes se suman las autoridades de la localidad. Inician la búsqueda en la casa de donde se sustrajo el Niño Jesús y terminan en aquella en la cual lo depositaron. Se hace el retorno del Niño en procesión; todo en un ambiente lleno de cantos, bebidas y comidas especialmente preparadas para la ocasión.

Una de las canciones que más suena en esas celebraciones es aquella que, al son de cuatro¹ y maracas, dice:

Si la Virgen fuera andina
y san José de los llanos,
el Niño Jesús sería
un niño venezolano.
Sería un niño en alpargatas
de liqui-liqui² plancha’o
con sombrero de cogollo³
y el calzón arremanga’o.
Tendría los ojos negritos
el cabello aguarapa’o‌⁴
y la cara tostadita
del sol de por estos la’os.

No sabemos con certeza cuál sería el origen de esta celebración popular, pero, ¿podría estar relacionada con la intención de hacer que el Niño Jesús se pare del pesebre y que se le esconda para evitar que Herodes lo encuentre…?

¹ Instrumento musical de cuatro cuerdas similar a una guitarra, pero de menor tamaño.
² Vestimenta formal blanca de algodón típica de los llanos venezolanos.
³ Sombrero de paja.
⁴ Del color del guarapo, el jugo extraído de la caña de azúcar.

Enrique Rodríguez es arquitecto y urbanista (Catholic University of America -1967, 1970); Certificados: Movimiento cooperativista y desarrollo social (ICI, Panamá. 1969); Energía solar: diseño e instalaciones (CENSOLAR, España. 1992.). Misión Agrupacion Católica Universitaria, República Dominicana, 1968. Cubano, ha vivido en EE. UU., Venezuela y España. Es autor del libro «¿Dedondesusté?» (Editorial Popular, 2017) y actualmente edita El Ignaciano.