El Ignaciano / Junio 2025
«La paz esté con todos ustedes»
Saludo y bendición del papa León XIV desde el balcón de la Basílica de San Pedro a la multitud congregada en su plaza, al final de la tarde del jueves 8 de mayo.
«La paz esté con todos ustedes. Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo Resucitado, el buen pastor que dio la vida por el rebaño de Dios. Yo también desearía que este saludo de paz entrara en vuestro corazón, alcanzara a vuestras familias, a todas las personas, estén donde estén, a todos los pueblos, a toda la tierra: ¡la paz esté con vosotros!
Esta es la paz de Cristo Resucitado, una paz desarmada y una paz que desarma, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos, Incondicionalmente. Aún conservamos en nuestros oídos aquella voz débil, pero siempre valiente, del Papa Francisco, que bendecía a Roma.
El Papa que bendecía a Roma daba su bendición al mundo entero, aquella mañana del día de Pascua. Permitidme continuar con esa misma bendición: Dios nos quiere, Dios os ama a todos, y el mal no prevalecerá. Estamos todos en las manos de Dios. Por lo tanto, sin miedo, unidos, de la mano de Dios y de la mano los unos de los otros, avancemos. Somos discípulos de Cristo. Cristo va delante de nosotros. El mundo necesita su luz. La humanidad lo necesita como puente para ser alcanzada por Dios y por su amor. Ayudémonos también entre nosotros a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo, siempre en paz. ¡Gracias al Papa Francisco!
Quiero agradecer también a todos los hermanos cardenales que me han elegido para ser sucesor de Pedro y caminar junto a vosotros como Iglesia unida, buscando siempre la paz, la justicia, buscando siempre trabajar como hombres y mujeres fieles a Jesucristo, sin miedo, para proclamar el evangelio, para ser misioneros.
Soy un hijo de San Agustín, agustino, que dijo: “con vosotros soy cristiano y para vosotros obispo”. En este sentido podemos todos caminar juntos hacia la patria que Dios nos ha preparado.
Y si me permiten también, una palabra, un saludo a todos aquellos y en modo particular a mi querida diócesis de Chiclayo, en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto, tanto para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo.
A todos vosotros, hermanos y hermanas de Roma, de Italia, de todo el mundo, queremos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que camina, una Iglesia que busca siempre la paz, que busca siempre la caridad, que busca siempre estar cerca, especialmente de quienes sufren. Hoy es el día de la Súplica a la Virgen de Pompeya. Nuestra Madre María quiere siempre caminar con nosotros, estar cerca, ayudarnos con su intercesión y su amor. Por eso, quisiera orar junto a vosotros. Oremos juntos por esta nueva misión, por toda la Iglesia, por la paz en el mundo, y pidamos esta gracia especial a María, nuestra Madre».
