Migrantes, pandemia y chivos expiatorios

Por Alberto Ares, S.J.

¿Cómo se propagó el COVID-19 de una manera generalizada en el mundo? Es bueno ser claro.  El virus se extendió inicialmente debido a los turistas con recursos que regresaban a sus hogares después de los cruceros y las vacaciones, y a los profesionales de sus conferencias y encuentros internacionales. Algunos incluso eran estudiantes que realizaban sus estudios en el extranjero, y que regresaban de vuelta a casa. Frente a esta situación, muchos prefieren erróneamente en su lugar, culpar a las personas migrantes, a menudo con consecuencias aterradoras.

Por ilustrar estas situaciones en el ámbito mundial, Arabia Saudita expulsó del país a todos los migrantes africanos. Las milicias yemeníes atacaron esta primavera a miles de migrantes etíopes que, según afirmaron, habían traído el coronavirus. Por su parte, las autoridades chinas desalojaron a migrantes africanos de sus hogares en la ciudad de Guangzhou. Estados Unidos continúan deportando a los migrantes centroamericanos y caribeños a sus países de origen, a menudo después de haber sido infectados en los centros de detención estadounidenses. Varios miembros del gobierno del Primer Ministro de la India, Narendra Modi, han culpado a los migrantes musulmanes de llevar el virus al país. En, Malasia se ha detenido a cientos de migrantes indocumentados, incluidos refugiados rohingya. Y lamentablemente la lista es aún mayor.

Los chivos expiatorios son utilizados en nuestras sociedades para culpar a un grupo de los males sociales en tiempos de crisis. En este tiempo de pandemia, la utilización de las personas migrantes como chivos expiatorios se está convirtiendo en una pandemia en sí misma. No sólo es inmoral, sino que también socava nuestra capacidad para controlar el virus e ignora el papel vital de los migrantes en ese esfuerzo. Si bien es verdad que en algunos países se reconoce oficialmente el rol de muchos migrantes como trabajadores esenciales, no es menos cierto que los colectivos migrantes, y especialmente los indocumentados están sufriendo situaciones de vulnerabilidad muy grandes, con altas tasas de infección que suelen duplicar o triplicar las de otros grupos, principalmente debido a las condiciones de trabajo inseguras y de gran explotación.

En sectores como la sanidad y los cuidados, las personas migrantes, especialmente mujeres, representan una importante proporción en situación de riesgo. El coronavirus también se ha cebado en ámbitos como el personal de atención a domicilio y los servicios de limpieza.

Otro sector donde se está cebando el coronavirus es en las explotaciones agrícolas y en las plantas de manipulación de alimentos, especialmente carne. En España, uno de los primeros rebrotes del coronavirus en Lérida ha puesto el foco en las personas migrantes. En Alemania se diagnosticó COVID-19 a unos 1.500 trabajadores de una fábrica de carne, la mayoría de ellos trabajadores migrantes de Europa del Este. En los EE.UU., donde tres cuartas partes de los trabajadores agrícolas han nacido en el extranjero, los brotes han afectado de una forma generalizada. En Gales, ha habido un fuerte brote en una empresa avícola.

Con demasiada frecuencia, los empleadores no proporcionan a los trabajadores migrantes suficiente equipo de protección personal, unas instalaciones de trabajo adecuadas, ni acceso a la salud. Asimismo, las personas migrantes que enferman no pueden permitirse aislarse, porque no tienen acceso a ayudas de emergencia, subsidios salariales y prestaciones de desempleo. Incluso los que acuden a los hospitales, lo hacen con miedo, pues en algunos estados las autoridades irrumpen en los centros sanitarios para deportarlos.

De este modo, muchas personas migrantes se enfrentan a la disyuntiva de aislarse y ver como sus familias mueren de hambre o desobedecer las restricciones de encierro para poder sobrevivir. ¿Qué haríamos nosotros en su lugar?

En este contexto, algunos países han dado un paso al frente, adoptando políticas que promueven la integración. Países como Portugal e Italia han favorecido la regularización de personas migrantes. España ha tomado medidas concretas que han intentado evitar la irregularidad sobrevenida, con un foco especial en los jóvenes migrantes. Además, varios países, entre ellos España, han vaciado sus centros de detención para migrantes durante la pandemia.

Es reseñable como Colombia, Argentina, Chile, Irlanda, Alemania, Francia, el Reino Unido y España, han acelerado la obtención de autorizaciones y homologaciones para trabajadores sanitarios, muchos de los cuales son refugiados en espera de decisiones de asilo. Algo no muy conocido es que Tailandia y España ofrecen a cualquier persona que se encuentre en su territorio pleno acceso a la atención de la salud, independientemente de su condición de inmigrante.

Estas medidas inclusivas, no solo resuelven situaciones indignas enquistadas en nuestra sociedad, sino que palían las situaciones de vulnerabilidad acrecentadas por la crisis sanitaria y preparan el terreno para una recuperación económica, asentando las bases de la cohesión social. Los países que no toman medidas políticas con seriedad se enfrentan a posteriores brotes, que estigmatizan aún más a los sectores descritos.

Por esta razón, los países deben tomar medidas que fomenten el carácter de oportunidad y riqueza de las comunidades migrantes en nuestras sociedades mixtas y diversas, posibilitando el acceso a unas condiciones dignas en el mercado laboral, de acceso a servicios básicos, como a la sanidad y educación, así como cuidar en esta situación de emergencia de las detenciones, las deportaciones y del acceso a las solicitudes de asilo.

La pandemia ha dejado aún más claro el papel nuclear que las personas migrantes, documentadas e indocumentadas, tienen en nuestras sociedades diversas. El futuro del planeta pasa por gestionar humanamente nuestra diversidad, planteando políticas inclusivas, siguiendo el ejemplo de algunos países que han hecho una fuerte apuesta durante la crisis sanitaria.

Alberto Ares, S.J.  es doctor en migraciones internacionales y cooperación al desarrollo. Director del Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones (IUEM) de la Universidad Pontificia de Comillas.

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