El Ignaciano / Septiembre 2024

Una conversión «ineludible»

Gelasia Márquez y Antonio L. Sowers

El Movimiento Laudate si (Movimiento Católico Mundial por el Clima)  define la conversión ecológica como la «transformación de los corazones y las mentes hacia un mayor amor a Dios, a los demás y a la creación. Es un proceso de reconocimiento de nuestra contribución a la crisis social y ecológica, y de actuar de manera que se alimente la comunión: sanando y renovando nuestra casa común» (1).

El Movimiento Laudate si nos explica que el concepto «conversión ecológica» fue utilizado por primera vez en la Iglesia Católica por san Juan Pablo II durante su papado, el 17 de enero de 2001. El papa san Juan Pablo II señaló entonces que el hombre y la mujer fueron hechos a «imagen de Dios», y dijo Dios:

Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra.
Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra. Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento.Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento. Y así fue.
Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Y atardeció y amaneció: día sexto (Génesis: 1, 26-31). 

En ese documento el papa san Juan Pablo II nos señala que esta relación ser humano-naturaleza no es «absoluta, sino ministerial: una relación “ministerial” implica que no somos los dueños de la Creación sino administradores de la Creación. y, Según la Real Academia de la Lengua Española el trabajo de un administrador incluye “planificación, dirección, control, implica cuidado y preservación de los bienes recibidos.

En el Evangelio de Lucas, 16:1-13, leemos la parábola del hombre rico y su administrador al que acusaron de estarle malgastando sus bienes. «Entonces Jesús lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que me dicen de ti?  Prepárame un informe de tu administración, porque ya no puedes seguir siendo mi administrador”».

1

En la encíclica Laudate si, el papa Francisco identifica nuestra actual crisis ecológica como una «llamada a una profunda conversión interior» (LS 217), en la que recordemos y aceptemos la tremenda responsabilidad que los seres humanos tenemos respecto a la creación porque somos administradores y no dueños del medio ambiente -que es un bien colectivo, el patrimonio de toda la humanidad y la responsabilidad de todos. A esa responsabilidad moral nos referimos en esta reflexión.

El papa Francisco hace énfasis en que hay un vínculo entre los asuntos ambientales y las cuestiones sociales humanas, que no puede romperse. «No hay dos crisis separadas sino una única y compleja crisis socioambiental», remarca, al mismo tiempo que recuerda el significado del bien común.

El «bien común» es una expresión a la cual se le han dado múltiples sentidos en la filosofía social, en la política, y también en el derecho. Básicamente remite a algo que se pretende que es bueno o beneficioso para todos los integrantes de una sociedad o comunidad.

La «cultura del descarte» en la que vivimos y nos relacionamos demuestra una indiferencia por la vida, por nuestra comunidad, por los pobres y débiles, y por la creación. Solamente trabajando juntos hacia una verdadera conversión y hacia un cambio real en el estilo de vida, solo abriéndonos a «escuchar el gemido de la Tierra y el gemido de los pobres» seremos capaces de entonar el Cantico de las criaturas en alabanza al Creador, el Laudate si de san Francisco de Asís:

Altísimo, omnipotente, buen Señor, tuyas son las alabanzas,
la gloria y el honor y toda bendición.
 A ti solo, Altísimo, te corresponden
ningún hombre es digno de pronunciar tu nombre.

De acuerdo con un estudio reciente, el 44% de los católicos afirma que la Tierra se está calentando principalmente debido a la actividad humana, lo cual está en línea con la postura del Papa. Sin embargo, alrededor de tres de cada diez (29%) dicen que se está calentando principalmente debido a patrones naturales, mientras que el 13% afirma que no hay pruebas sólidas de que el planeta se esté calentando (Yale Climate Connections, Newsletter 11, 2023).

Por otra parte, se ha documentado un aumento de los síntomas de trastorno de estrés post traumático (PTSD), depresión y ansiedad tras los huracanes. La prevalencia de los diagnósticos tras los huracanes varía según la intensidad de la tormenta. Un metaanálisis de sobrevivientes de ciclones tropicales en todo el mundo encontró que un 18% tenían PTSD con tormentas más severas. La necesidad de atención psiquiátrica puede extenderse por períodos prolongados después de que los huracanes tocan tierra. (2)

2

Antonio Sowers, director de «Conversión ecológica» en el Instituto Pedro Arrupe (IPA) del Centro de Espiritualidad Ignaciana, da testimonio de esa realidad al contar lo que él ha llamado «Mi encuentro con el cambio climático»:

El huracán Andrew fue un huracán de categoría 5 que tocó tierra en el sur del condado de Miami-Dade, Florida, el 24 de agosto de 1992, y nuevamente cerca de Point Chevreuil, Luisiana, el 26 de agosto de 1992. Fue el huracán más destructivo que jamás haya azotado el sur de Florida y el desastre natural más costoso en la historia de Estados Unidos en ese momento, causando daños estimados en 26 mil millones de dólares. Los vientos de Andrew alcanzaron 166,8 millas por hora, con ráfagas de hasta 177 millas por hora, mientras cruzaba la península de Florida, donde la mayor parte de los daños fueron causados ​​por el viento. El huracán destruyó alrededor de 49.000 viviendas en el sur del condado de Dade y dañó otras 108.000. Además, provocó 23 muertes directas en EE.UU. y tres más en las Bahamas (3).

Recuerdo que sentimos y sufrimos el impacto y los efectos del huracán Andrew como si en el sureste de Miami hubiese caído una bomba enorme dejando casas y árboles caídos, sin servicio de electricidad por más de un mes y experimentamos el éxodo de muchas familias del área para siempre. Hubo muertos y heridos de los que nunca tuvimos la cifra exacta. No teníamos donde buscar alimentos u otros artículos de primera necesidad porque los comercios que habían quedado en pie estaban vacíos o estaban cerrados. Amigos, conocidos y no conocidos de otras áreas de la ciudad de Miami que habían sido menos afectadas vinieron a socorrernos, trayéndonos agua, comida, tablas para cubrir los techos y las ventanas afectadas y también se unieron a la tarea en la limpieza de los árboles caídos y otros desperdicios traídos por el viento.

Los primeros días después del ciclón no funcionaban los semáforos, había muchos cables del alumbrado en el suelo y muchas calles estaban cerradas. Había basura por todas partes. Hasta la llegada del ejército para patrullar las calles se dieron incidentes se robos por las noches, lo que nos obligaba a protegernos con machetes y revólveres.

3

Las familias que sobrevivimos los efectos materiales del ciclón nos unimos emocionalmente los unos con los otros, compartiendo nuestras experiencias: recuerdo cuando celebramos en noviembre de ese año la fiesta de Thanksgiving (Acción de Gracias) en la que todos los vecinos nos reunimos en la calle para darle gracias a Dios, compartir los alimentos y bebidas y escuchar música; fue una auténtica celebración de Acción de Gracias a Dios.

Por poco más de 10 años, el recuerdo y los efectos psicológicos asociados a lo imprevisible del huracán, a los sentimientos de inseguridad material, social y emocional, así como a la falta de estabilidad comunitaria y personal que sufrimos con aquel ciclón estuvieron en todos nosotros…¡en nuestro bloque de la calle 203 solo quedamos tres familias!

Años más tarde, el 23 de agosto de 2005, sufrimos los efectos del huracán Katrina: el devastador y mortal huracán de categoría 5 que causó 1.392 muertes y daños estimados en 186.300 millones de dólares particularmente en la ciudad de Nueva Orleans y sus alrededores. Katrina fue el tercer huracán importante de la temporada de huracanes del Atlántico en 2005 y se consideró el cuarto huracán más intenso del Atlántico que tocó tierra en los Estados Unidos continentales, de acuerdo con las medidas de la presión barométrica registradas.   

El huracán Katrina fue el resultado de la fusión de una onda tropical y los restos de una depresión tropical: la fusión se intensificó hasta convertirse en tormenta tropical que se dirigió hacia el oeste, hacia la Florida. En esta oportunidad, estuvimos encerrados en la casa -recientemente arreglada- con una pulgada de agua en el interior de ella, y todas las calles cercanas inundadas de forma tal que los botes se convirtieron en el medio de transporte necesario para llegar a los hospitales y otras dependencias de socorro. Recibimos en pocas horas más de 20 pulgadas de agua.

Los huracanes alteraron por completo toda nuestra vida para siempre. No solo porque los vientos huracanados destruyeron edificios y casa móviles mal construidas, sino porque escombros tales como letreros, materiales para reparación de casas y techos, así como los artículos pequeños que se dejaron fuera de las casas se convirtieron en misiles voladores.

Además, cuando comienza la época de los huracanes se incrementan los noticieros de televisión: los partes oficiales y los comentarios de los especialistas del clima logran que, inconscientemente, nos convertíamos en buscadores de información y de seguimiento de todas las tormentas y de sus variables, las altas y bajas presiones, los vientos en las alturas, por donde se mueven de oeste a este, etc.

4

Tiempo después de Andrew y de Katrina, comencé a interesarme por el estado del tiempo y en particular durante la época de los ciclones, de junio a noviembre. Recordé mis estudios sobre geografía general en la Universidad de la Florida.  En los documentales de Netflix y en otros videos educacionales aprendí sobre los movimientos de los ciclones, donde se formaban y cómo transitaban en el mar y la tierra; también aprendí sobre los fenómenos del Niño y la Niña.

Más tarde, mi inquietud cognitiva me llevó a interesarme por el planeta en que habito:  la Tierra, los animales que la habitan, el aumento del nivel de ozono, los gases de invernadero, la polución en las ciudades -como en México y en la India. Así, me fui convirtiendo en «un aprendiz de científico», en un estudioso de la Ecología (del griego antiguo -Oikos, casa y logos ciencia-) y del estudio del hábitat en el cual vivimos.

Una de las experiencias que contribuyó especialmente a mi interés por esos temas fue el documental «An Inconvenient Truth » (Una verdad inconveniente) sobre los efectos devastadores del cambio climático en el que A la Gore muestra «un contundente y preocupante retrato de la situación del planeta, amenazado por el calentamiento global provocado por las ingentes emisiones de CO2 por parte de la acción del hombre».

El documental enfatiza que «el calentamiento global en realidad no es una cuestión política, sino moral» al tiempo que refuta a los críticos que dicen que el calentamiento global no está probado o que el calentamiento será insignificante. 

El vicepresidente Al Gore cierra su presentación diciendo: “Cada uno de nosotros es una causa del calentamiento global, pero cada uno de nosotros puede tomar decisiones para cambiar eso con las cosas que compramos, la electricidad que usamos, los automóviles que conducimos. Podemos tomar decisiones para reducir a cero nuestras emisiones.

Como resultado de su «conversión ecológica», Tony Sowers participó en varios entrenamientos, uno de ellos, The Global Catholic Climate Movement, que en el año 2022 se convirtió en el Movimiento Laudato Si. Luego, fue nombrado director del Departamento de Conversión Ecológica del Instituto Pedro Arrupe en el Centro de Espiritualidad Ignaciana, y en colaboración con la Fundación Teresiana, el Itinerario de Espiritualidad Calasancia y el grupo escolapio han desarrollado actividades tales como reuniones de estudio y reflexión sobre la encíclica Laudato si, la exhortación Laudate deum, las conferencias de la COP (ver El Ignaciano, Vol.6 - Nos. 1, 2, 3, 4, Vol. 7 - No. 1), organizado presentaciones, conferencias, cine ecológico (los documentales An Inconvenient Truth, Kiss the Ground y Breaking Boundaries) y una campaña de siembra de árboles, abogando por el cuidado de nuestra Casa Común.

5

El primer gran debate ecológico a escala internacional fue la Conferencia Internacional sobre la Utilización Racional y la Conservación de los Recursos de la Biosfera, celebrada en París en 1968, organizada por la UNESCO, en colaboración con las Naciones Unidas, la FAO, la OMS, el Programa Biológico Internacional del Consejo Internacional de Uniones Científicas y la UICN, con una participación de 240 delegados procedentes de 63 países y de 90 representantes de organizaciones internacionales  (4).

Uno de los frutos más interesantes de la Conferencia fue la propuesta de organizar un amplio programa ecológico interdisciplinar, aprobado por la Conferencia General de la UNESCO en noviembre de 1970 bajo el título de «Hombre y Biosfera». Este programa intergubernamental fue iniciado a principios de los años 70 con el objetivo de establecer una base científica para mejorar la relación de las personas con su entorno.

Peter Jackson, editor jefe de la Unidad del Anuario del Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas, en un artículo describe los esfuerzos en el área del cuidado ambiental de la organización desde los primeros esfuerzos llamados las «Cumbres de la Tierra», que abarcan los trabajos iniciados en 1972 con la Conferencia de Estocolmo (5).

Alejandra de Vengochea, de la Organización Friedrich Ebert Stiftung, describe en 2012 el trabajo progresivo de las «Cumbres de la Tierra» a partir de la Conferencia de Estocolmo. La autora anota como el mayor resultado de la conferencia el que lograse el consenso entre los líderes mundiales para reunirse cada diez años para realizar un seguimiento del estado medio ambiental y analizar el impacto que sobre él pueda conllevar el desarrollo (6).

 Años más tarde, en 1979, tiene lugar la Primera Conferencia Mundial sobre el Clima en Ginebra, donde por primera vez se consideró el cambio climático como una amenaza real para el planeta. La conferencia adoptó una declaración que exhortaba a los gobiernos a prever y evitar los posibles cambios en el clima provocados por el hombre (7).

En el año1988, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), es creado por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. IPCC inicia -basado en las opiniones de 400 científicos- la discusión de medidas para detener las emisiones de gases de efecto invernadero lo que aminoraría y/o impediría los efectos del calentamiento global. «Desde febrero de 2007, el IPCC ha publicado tres informes de gran relevancia y los más de dos mil científicos y expertos que componen este grupo han acabado con cualquier duda que pudiera existir en el debate científico…» (8).

6

Casi 10 años más tarde, en el año 1997, los países industrializados firmaron el Protocolo de Kioto con él que adquirieron compromisos concretos y un calendario de actuación. Fue sin duda un gran avance, pues se logró un acuerdo vinculante a todos los países firmantes para que durante el período del 2008 al 2012, se redujeran las emisiones de los seis gases que más potenciaban el efecto invernadero en un 5,2% con respecto a 1990.

 Achin Steiner, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, describe el importante papel que las Naciones Unidas ha jugado y juega en este proceso de «rescatar» nuestro planeta de las consecuencias del cambio climático, asumiendo el liderazgo para la respuesta global con estas palabras:

 Las Naciones Unidas han desempeñado un papel fundamental en la consecución del consenso científico, reflejando este problema en las portadas de los medios de comunicación de todo el mundo e introduciéndolo en la agenda de los jefes de Estado y gobierno, así como en las de los directores generales de las empresas e industrias (9).
Las Naciones Unidas constituyen el único foro en el que puede negociarse de un modo realista un acuerdo encaminado a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) con posterioridad a 2012 entre los más de 190 países con diferentes visiones y economías pero que, al mismo tiempo, viven bajo una atmósfera común. El reto del cambio climático implica a todas las naciones y, si no se aborda de forma apropiada, afectará a todas las comunidades y a todos los ciudadanos en el plazo dunas décadas y no de unos siglos (10).

Mientras se baten récords de temperaturas y las emisiones siguen aumentando, en este Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio, 2024), António Guterres, Secretario General de la ONU ha expuesto en el Museo de Historia Natural de Nueva York la contundente realidad del estado del clima, el gran riesgo que los líderes están asumiendo, y lo que empresas y países -en particular el G7 y el G20- deben hacer en los próximos dieciocho meses para salvar las posibilidades de un futuro habitable para la humanidad.                                                   

Luvia Millián Reyes escribió su tesis doctoral de posgrado en la Facultad de Humanidades de la Universidad San Carlos de Guatemala, sobre el recorrido y desarrollo del concepto «ecología» hasta nuestros días.

7

La autora, en su capítulo III, describió en un extenso análisis algunas de las «Acciones en favor del ambiente a partir de los planteamientos de la Ciencia Ecológica» -refiriéndose a aquellas catástrofes que revolucionaron la opinión mundial-   y sobre el importante papel jugado por las Naciones Unidas, haciendo énfasis en las diferentes conferencias mundiales desde la Cumbre de Estocolmo (1972). Textualmente, la autora explica:

La problemática de la contaminación provocada por la sociedad industrial se remonta al siglo XIX. Pero la magnitud del deterioro del medio ambiente no adquiere una dimensión planetaria hacia la mitad del siglo XX. Por esa causa, el esfuerzo de salvaguardar la naturaleza que se había iniciado en el siglo anterior con la creación de parques naturales, progresivamente se amplía a nivel de la biosfera -entendida como el ecosistema de toda la gran comunidad viviente mundial…... (de ahí que el concepto de) Ecología representa la relación, la interacción y el "diálogo" que todos los seres (vivos o no) guardan entre sí y con todo lo que existe».
La naturaleza (el conjunto de todos los seres), desde las partículas elementales y las energías primordiales hasta las formas más complejas de vida, es dinámica, constituye un intrincado tejido de conexiones en todas las direcciones. Es más, la Ecología no se limita tan solo a la naturaleza (Ecología natural), sino que también abarca la cultura y la sociedad (Ecología humana, social, etc.) (11).

Desde los años 70 del siglo XX, el cuidado de la Creación y la justicia están en el centro de la labor del Consejo Mundial de Iglesias, Parte de este trabajo de compromiso con la Creación, es la declaración del Comité Ejecutivo del CMI sobre la biodiversidad y el cambio climático en vísperas de dos importantes conferencias mundiales de las Naciones Unidas -la Conferencia de Cali, Colombia y la Conferencia sobre el Cambio Climático en Bakú, Azerbaiyán. El trabajo llevado a cabo por el Consejo Mundial de Iglesias ha contribuido al desarrollo del concepto de las «comunidades sostenibles»: (a) adoptando el Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 1992; (b) estando presente en todas las conferencias de la ONU sobre el cambio climático; y (c) ayudando a promover un movimiento por la justicia climática que afecta a millones de personas de todo el mundo (12).

Álvaro Hernández Acevedo publicó en  Franciscanum, revista de las ciencias del espíritu, un artículo titulado «Una ecología cristiana en un mundo insostenible» donde nos da las pautas para alcanzar la «conversión ecológica», recordándonos que «El ciudadano sostenible y creyente debe unir su conocimiento disciplinar con los retos que se le presenta para el cuidado del entorno vital, no solamente como miembro responsable de una comunidad, sino además como cristiano llamado a dar gracias a Dios por el don de la naturaleza y resolver problemas de manera holística, compleja, crítica e interdisciplinaria», teniendo en cuenta que «se entrelazan íntimamente lo político, lo teológico y lo social, en pro de la protección del entorno que nos une en un mismo estilo de vida, una misma fe que debe trascender barreras culturales y constructos religiosos, y un mismo proyecto que nos convierte en hijos y hermanos de una misma tierra»(13).

8

Concluyendo este somero recorrido por la realidad de la relación ser-humano naturaleza cabe preguntarnos «¿cómo estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad de administrar la Creación que Dios puso en nuestras manos?», «¿como miembros del Pueblo de Dios, aquí y ahora, hemos alcanzado “la visión holística” de la problemática bio-psico-sociocultural del cuidado de la Creación?», «¿como administradores del patrimonio de la humanidad, nos hemos dado cuenta de nuestra responsabilidad moral?».

En este proceso de escuchar, entender y actuar no estamos solos: «Estoy con ustedes» -nos ha dicho el papa Francisco el 2 de diciembre, 2023- «porque ahora más que nunca el futuro de todos nosotros depende del presente que ahora elegimos. Estoy con ustedes porque la destrucción del medio ambiente es una ofensa a Dios» (14).

Gelasia Márquez
Ph.D., Fordham University, NY, School Psychology Program. Además de su práctica profesional iniciada en Cuba, en los EE.UU. ha trabajado en el área de educación bilingüe e inculturación en distintas instituciones, incluyendo la USCCB (Conferencia de Obispos de los EE. UU.), ha dado conferencias y es autora de varias publicaciones.

 Antonio L. Sowers
MA en Teología Pastoral, Barry University; ministro de la Eucaristía; miembro del Equipo SEPI para el Estudio del Plan Nacional del Ministerio Hispano en los Estados Unidos; participante del Movimiento Laudato si; director de «Conversión ecológica» del Instituto Pedro Arrupe.