En respuesta a los ataques contra el Papa Francisco. Por Sixto García.

Sixto García

El 11 de agosto del 2017 un grupo de 63  miembros de la Iglesia Católica, todos hombres, con títulos que van desde teólogos hasta el director de la Sociedad San Pio X dirigieron una carta a Su Santidad Francisco titulada “Correctio Filialis” donde lo acusaban de propagar herejías relacionadas con siete temas citados en la Exhortación Apostólica “Amoris Laetitia”, incluido el tema de la posibilidad de administrar la comunión a divorciados y vueltos a casar.

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 “It states that the pope has, by his Apostolic Exhortation Amoris laetitia, and by other, related, words, deeds and omissions, effectively upheld 7 heretical positions about marriage, the moral life, and the reception of the sacraments, and has caused these heretical opinions to spread in the Catholic” 

El Instituto Jesuita Pedro Arrupe solicitó del Doctor Sixto García, profesor jubilado en teología, una respuesta a este planteamiento como una orientación a nuestros miembros y una defensa estructurada y seria a nuestro papa Francisco.

Su documento, abundamente apoyado por citas de papas, santos y especialistas en estos temas, es un aporte para la orientación de los fieles en estos momentos en que la Iglesia quiere ir de nuevo al pueblo.  

Dice el Profesor García:

“Los autores de la “Correctio Filialis”  evidencian un método obsoleto de plantear la teología y la comprensión de la fe de la Iglesia, y de sus fundamentos”.

Como si la evolución en el tiempo no alterara algunas enseñanzas de la Iglesia.

“Los ejemplos abundan.-continúa explicando- Mencionemos solamente el desarrollo acontecido desde el Concilio de Éfeso (431) hasta el Concilio de Calcedonia (451): Éfeso confrontó la doctrina atribuida al Patriarca Nestorio, que sostenía que la unión de las naturalezas divina y humana en Cristo no era una unión personal, sino moral.  Frente a Nestorio, el Concilio aclaró que la unión de las naturalezas humana y divina en Cristo era una unión de las dos naturalezas, divina y humana, en la persona de Jesús. Cristo es Dios en la carne (Juan 1:1,14; Col. 2:9; Juan 8:58; 10:30-34; Heb. 1:8). El es plenamente Dios y plenamente hombre. No es “mitad Dios, mitad hombre”

c) Pero Èfeso, siendo, en cierta manera, un Concilio inspirado por los

Padres de Alejandría, que enfatizaban más la divinidad que la humanidad de Cristo, usó términos confusos para los Padres de Antioquía, que privilegiaban la humanidad de Cristo: entre otros, usaron la palabra griega “physis,” que para los alejandrinos significaba “persona,” pero para los antioquenos tenía el sentido de “naturaleza” – resultando una definición que para éstos últimos quería decir que en Cristo había dos personas. 

d) En esta confusión, el monje Eutiques propone que en Cristo la única naturaleza efectiva es la divina – la humana se disuelve en la divina, como una gota de miel (o vinagre) al caer en el océano. El Concilio de Calcedonia (451), contra Eutiques, pero también contra Nestorio, define que Cristo es “consubstancial con el Padre, en cuanto a la divinidad, consubstancial con nosotros, en cuanto la humanidad” – y añadió que las dos naturalezas, la humana y la divina, se unen “sin confusión, cambio, división ni separación, en una sola persona y una sola subsistencia personal” 

4) Luego, entre Éfeso y Calcedonia ocurre un auténtico desarrollo de doctrina y dogma: el lenguaje, el ambiente teológico, inclusive el contexto político afectó y determinó tanto la forma como el contenido del dogma. 

5) Este breve recuento histórico nos dice que, no solamente los dogmas y doctrinas, sino los pronunciamientos del Magisterio deben ser recibidos con espíritu responsablemente crítico en el contexto de su evolución histórica.

En segundo lugar, en el caso de los divorciados vueltos a casar, que quieren participar del sacramento de la comunión, la rigidez de los juicios morales del grupo firmante del documento refleja el rechazo y/o la ignorancia de la Teología Moral conciliar y post-conciliar.

Las decisiones de los bautizados, y los  pronunciamientos morales del Magisterio, no pueden traducirse en legislaciones rígidas, inflexibles, sino más bien situarse en un proceso, en un “continuo,” que tome en cuenta la totalidad de la persona humana en su compleja realidad física, espiritual y emocional, y que acomode, responsable y críticamente, la hermenéutica de la Revelación transmitida por las Escrituras, y por la Tradición.

Los pronunciamientos del Magisterio,  por lo tanto, y las opciones de los bautizados, deben tomar en cuenta siempre, como ha dicho Karl Rahner, “el mejor futuro de la Iglesia,” su caminar por los senderos de la Historia, hacia el encuentro con la Pascua definitiva de Jesús, donde, en la vida del Espíritu Santo, se le revelará, en abrazo definitivo, el Padre”.

Como bien dice Francisco:

 “Comprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida que no de lugar a confusiones. Pero creo sinceramente que Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino.”

“Prefiero una Iglesia herida, accidentada y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro en sus propias seguridades” (EG 49). 

Esperamos que la lectura del texto completo que aquí publicamos sirva para entender que en la Iglesia puede haber discrepancias, pero que también hay respuestas y que es deber de todo católico responsable apoyar al Papa y orar por él, como tantas veces nos ha pedido.

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