¿Qué hacemos para reconstruir el tejido social en México?

Desde hace algunos años México se ha visto fragmentado, debilitado; no sólo los datos lo dicen, lo miramos en el día a día, cuando conocemos sobre violaciones sistemáticas a los derechos humanos de migrantes, personas en situación de pobreza, periodistas, ministro de culto, la militarización, los desaparecidos, los secuestrados, los envenenados por el Narco y los que se sirven de un sistema corrupto para vivir en la impunidad y opulencia.

Por eso es importante reflexionar sobre la reconstrucción del tejido social, sobre el restablecimiento de la unión de relaciones personales e institucionales que le dan consistencia a una localidad, entidad o país.

Hablamos de reconstrucción del tejido social porque nos hemos desgarrado socialmente, las relaciones entre las personas se han fragmentado, la confianza en las instituciones públicas se ha perdido. Por lo que te pregunto: ¿confías en las instituciones de justicia y seguridad?, ¿dejas salir a tus hijos(as) a jugar en el espacio público?, ¿te sientes seguro(a) al abordar un taxi o al utilizar el transporte público?, ¿confías en tus vecinos, como lo hacían tus padres y/o abuelos? Probablemente, habrá varios ‘no’ en tus respuestas.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Victimización 2017 (ENVIPE 2017), elaborada por el INEGI, las personas han modificado sus comportamientos; por ejemplo: 70.5 por ciento de los mexicanos no permiten que sus hijos salgan a la calle, 64.2 por ciento no usa joyas, 51 por ciento no sale de noche. La delincuencia nos ha intimidado de tal manera que vivir con miedo y encerrados en casa o centros comerciales se ha vuelto algo cotidiano. Pero, ¿no te parece que al encerrarnos le cedemos a los delincuentes nuestro espacio público?, ¿no crees qué son nuestros parques y calles?, ¿deberíamos fortalecer nuestra participación ciudadana y exigir espacios de paz y libres de violencia y delincuencia?

La misma ENVIPE 2017 señala que la cifra negra (los delitos que no se denuncian) es del 93.6%, esto es que de cada 100 delitos que se cometen, sólo se denuncian 6, porque las personas consideran que denunciar es una pérdida de tiempo, desconfían de las autoridades o tienen miedo a ser extorsionados. Y cómo no tener miedo a ser extorsionado en un país donde ese delito prevalece en 21 entidades. Entiendo el miedo, pero no el considerar que la denuncia es pérdida de tiempo, porque justo el tema de no denunciar deja impune al victimario y con la posibilidad de que victimice a alguien más.

El gran atentado contra el tejido social es la desconfianza, que lleva a cambiar de hábitos que fragmentan la convivencia social y generan un “sospechosismo” (sospechar de todos). Al mirar estas realidades me cuestiono sobre mi colaboración en el fortalecimiento o debilitamiento del tejido social. ¿Qué tanto busco el bien personal de manera ética?, ¿en qué medida aporto a la materialización del bien común?, en mis círculos familiares, de amigos y vecinos ¿sólo me quejo de lo que sucede o incentivo la participación ciudadana?

Basta recordar Génesis 4,9ss, donde Dios le pregunta a Caín por su hermano, y éste le dice: “¿Acaso yo soy guardián de mi hermano?”; después, Dios le increpa: “¡Qué has hecho, que la sangre de tu hermano clama desde la tierra…!”.

La pregunta de Dios a Caín es la misma que debemos hacernos ¿dónde está mi hermano?, ¿dónde está tu hermano?, porque su voz clama desde la tierra; porque las víctimas de las violencias y sus familiares —nuestros hermanos(as)— nos piden verlos como hermanos(as).

Cada quien encontrará una ruta para la reconstrucción del tejido social; sin embargo, todos los caminos incluyen: promover, proteger y preservar la dignidad humana. En la pregunta de Dios a Caín están implícitos el reconocimiento del otro como otro y la relación fraterna.

Si miras como hermano al otro, entonces empezarás a reconstruir el tejido social desde ti, como pequeños hilos que van dando consistencia a una tela o formando conexiones en donde la tela se ha desgarrado. ¿En dónde?, en tu casa fortaleciendo las relaciones de pareja, conociendo a tus hijos, descubriendo a tus vecinos, reconciliándote con quienes hace tiempo permaneces distanciado, mirando con misericordia a los servidores públicos, promoviendo el bien común y el bienestar en tu localidad, exigiendo el bien actuar de las instituciones públicas, evitando las prácticas no éticas, inmorales y corruptas.

* Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (www.imdosoc.org). Artículo publicado en la revista especializada “Signo de los Tiempos” (01.2018)

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