Colaborar es encarnar al prójimo

A algunos con una mirada de aproximación más centrada en sí mismo, teniendo en cuenta la importancia de la centralidad  humana -ser para sí-  les podría parecer un slogan atrevido el título de la presente reflexión.

Pero en el fondo, para los que creemos en la naturaleza amorosa y liberadora que Cristo nos enseñó de dar abrigo al desvalido, agua el sediento, alimento al hambriento y cobija al desamparado, la reflexión de encarnar al prójimotermina mostrando el carácter consubstancial de la misericordia humana.

Elespíritu ignaciano, expresado en la reciente Congregación General 36, como órgano supremo del gobierno de la Compañía de Jesús, que se patentiza maravillosamente en la primera homilía del nuevo Padre General, Arturo Sosa S.J.  al asumir su responsabilidad, cuando enfatizó:“no estamos solos, como compañeros de Jesús queremos nosotros seguir el camino de la encarnación, hacernos semejantes a los seres humanos que sufren las consecuencias de la injusticia. Queremos buscar la colaboración, no solo buscar a otros para que colaboren con nosotros. Queremos colaborar generosamente con otros, dentro y fuera de la Iglesia con la conciencia que surge de la experiencia de Dios, de estar llamados a la misión de Crsto”.

La incertidumbre y la violencia, que vivó el mundo del Siglo XX con sus dos Guerras Mundiales, la Bomba Atómica en Hiroshima y Nagazaki, más el genocidio  de millones de seres humanos asesinados brutalmente durante la preeminencia del NAZISMO y del COMUNISMO en sus países de dominio, sin olvidar los innumerables conflictos locales, tanto de orden social como políticos, que ensangrentaron y quebraron la convivencia del siglo XX, parecen reeditarse en el nuevo Siglo XXI con el terrorismo de cualquier marca y la desconfianza creciente actual entre las grandes potencias, que priorizan sus desarrollos atómicos ante las necesidades apremiantes de los seres humanos que habitan en sus territorios..

Pero ante esta desconfianza que desintegra y acosa moralmente a los seres humanos, se une la contaminación de la tierra, el extractivismo destructivo y abusivo en la Amazonía y en la Cuenca del Congo, entre otras áreas del planeta, destacadas como zonas de explotación e injusticia por los documentos de la  Congregación 36 de la Compañía de Jesús efectuada en 2017.

Con sabiduría y magisterio, Su Santidad, el papa Francisco, ha dictado cátedra de denuncia de estos fenómenos destructivos en su encíclica Laudatu Si.

Esta priorización por la justicia, que se dejó ver con claridad durante las sesiones del Concilio Vaticano II (1961-1965), tuvieron también en el padre jesuita Pedro Arrupe S.J., uno de sus más preclaros exponentes.

En su planteamiento de un hombre para los demás, Arrupe se adelantó a los tiemposal convertirse en precursor del mensaje justo y liberador de “colaboremos con el otro para encarnarnos en él”.

Por Alberto Muller

Escritor y Periodista

Fundador del Directorio Revolucionario Estudiantil de Cuba

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