Por una economía global justa

En el año 2016, el Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, de la Curia Jesuita, emitió un documento de mucho valor sobre una economía global justa. No creo que haya tenido ninguna publicidad. Se le mandó a los rectores de las muchas casas de la Compañía en el Mundo. Sólo para iniciar su conocimiento y abrir el apetito para que lo puedan leer y saborear, escribimos este artículo. Este Secretariado, un grupo de economistas, preparó el documento. Espero que se lo hayan mandado a todos los presidentes de las naciones, últimos responsables de la economía del mundo. El Editor es el padre Patxi Alvarez,S.J. de ese secretariado.

 

      En la introducción del documento encontramos una llamada a la acción. Llamada que viene del Santo Padre. Hay que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad. Rechazar la pobreza y la exclusión. Debemos renunciar a la “autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y superar las causas estructurales de la inequidad. Hay que aumentar la virtud de la solidaridad, esto es, la determinación firme y persevante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno.

 

      El presente informe espera contribuir a fomentar los esfuerzos de la Iglesia y otras instituciones por abordar tales asuntos y retos, aportando una perspectiva evangélica a estas cuestiones de economía y de política pública.

 

      Pasa ahora el documento a tratar los signos de los tiempos. Son reflexiones del Papa sobre la situación actual: Enumero los signos de los tiempos:

 

1.-    La pobreza se mantiene elevada.

2.-    La desigualdad ha aumentado de manera continua.

3.-    Los pueblos indígenas y las minorías étnicas marginadas han sufrido discriminación y prejuicios.

4.-    Las mujeres son más proclives que los varones a la pobreza y a la desigualdad de oportunidades económicas.

5.-    La naturaleza del trabajo está cambiando con rapidez.

6.-    Los mercados financieros se han expandido espectacularmente.

7.-    El sector privado se ha hecho cada vez más importante.

8.      La sostenibilidad de nuestras prácticas económicas actuales es hoy un reto decisivo.

9.      La violencia que asuela nuestra época tiene con frecuencia raíces económicas.

10.    El papel de los medios de comunicación tanto los comerciales como las redes sociales es cada vez más importante.

11.-  Muchas comunidades locales de base realizan esfuerzos innovadores.

12.-  Está surgiendo una nueva sociedad global.

13.-  Algunos gobiernos y empresas han mostrado un creciente interés por comprometerse en favor del desarrollo sostenible.

14.-  Está perfilándose una nueva forma de comprender el desarrollo sostenible.

15.-  El creciente movimiento de responsabilidad social corporativa constituye otro signo de esperanza

 

De aquí el documento se mueve a hablar de los principales retos actuales:

 

1.   El reto de la pobreza severa

2.   La herida social de la desigualdad

3.   Los riesgos de la financiación contemporánea

4.   La injusticia de la violencia

    5. La fragilidad desatendida de la casa común.

 

      Aproximándose al final el documento presenta una nueva visión: El Bien común debería basarse en

a. El bien común hoy,

b. Instituciones para el cambio: estados, sociedad civil y redes globales por la justicia

c. Recomendaciones para mejorar la situación de los pobres

 

El documento recomienda el fomento de políticas públicas que redistribuyan la riqueza. Se recomienda que se hagan cumplir las leyes que protegen el medio ambiente y fomenten la buena governanza de los recursos naturales y minerales. Demandar una regulación más rigurosa de los mercados económicos y financieros. Defender enérgicamente políticas que reduzcan la cooptación de los estados por parte de elites,  esfuerzos para combatir la corrupción y promover la creación de empleos decentes. Recomienda que los países avanzados cumplan el compromiso de compartir una pequeña parte de su PIB nacional , un o.7 %.  Que se hagan nuevos esfuerzos para fomentar la involucración de nuevos agentes de la sociedad civil. Pedir reformas en el plano internacional y por una más severa regulación internacional de los mercados financieros y económicos. Exigir tratados comerciales más justos entre estados y multinacionales y por supuesto, va a ser falta una nueva espiritualidad y una nueva manera de entender el bienestar personal.

 

      El último capítulo, el quinto, presenta las recomendaciones para la familia ignaciana:  promover compromisos directos con los pobres y sus causas, transformar nuestras instituciones en instrumentos de justicia económica, compromisos con la acción particular, mejorar el uso de las redes jesuitas, utilizar el potencial de nuestras escuelas profesionales.

 

      Como pueden ver es un documento amplio, exigente y para desarrollar. Dios quiera que esta lectura sintética del mismo, les haya abierto el apetito para leerlo, discutirlo en grupo y comenzar a practicarlo en su acción cotidiana.

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